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Viajar al óleo

Armando Cerra

La Habana soñada

Este 2012 se conmemora el centenario del nacimiento de René Portocarrero en La Habana, lugar en el que nació, vivió y murió en 1985, pese a que su prestigio internacional le hubiera permitido instalarse en algún otro lugar.

Sin embargo, él eligió residir en su ciudad, en la real y en la soñada, porque según contaba lejos de la isla se le marchitaban las manos. Allí creó el conjunto de una obra que lo convierten en uno de los pintores más relevantes de Cuba durante el pasado siglo XX, y de hecho no le faltaron reconocimientos en vida, lo cual supone una típica contradicción cubana, ya que Portocarrero mostró de forma abierta su pertenencia a uno de los colectivos más ocultos y perseguidos en la isla: los homosexuales.

Todo su arte es impensable fuera de Cuba. Sur raíces afro, sus vistas del paisaje, sus mujeres ornamentadas, sus carnavales y sobre todo las visiones de su ciudad, con una atmósfera de poesía, inocencia, ensueño, cierto ambiente naïf, vitalidad y unos tonos vibrantes propios de la luz de estas latitudes.

Miraba a la ciudad de frente y la pintaba como le gustaría que fuera, quitando de su paleta de color las mil y una contradicciones, carencias y problemas de La Habana. Soñaba La Habana, se elevaba y pintaba una panorámica de la urbe con todo el encanto que poseen sus calles. Ese encanto que hoy los turistas intuimos entre mojito y mojito, pero que no descubrimos bajo tanto folklore.

La habana

Como mucho, los turistas nos elevamos en alguna de las torres de los hoteles internacionales y sacamos fotos que descubren a los lejos el Capitolio, las torres de la Catedral, los cañones de El Morro, la línea recta del Paseo de El Prado o la maraña de tejados de Habana Vieja, algo así o parecido a lo que se ve en la foto de abajo.


"La Ciudad", de René Portocarrero

Como mucho, los turistas nos elevamos en alguna de las torres de los hoteles internacionales y sacamos fotos que descubren a los lejos el Capitolio, las torres de la Catedral, los cañones de El Morro, la línea recta del Paseo de El Prado o la maraña de tejados de Habana Vieja, algo así o parecido a lo que se ve en la foto de abajo.


"Panorámica de La Habana", de Mónica Grimal

Pero no la captamos con los ojos habaneros de Portocarrero ni con la mirada ingenua de la niña de la foto, que ven y comprenden la realidad de su ciudad y quieren que tras pestañear sea diferente, con la misma alegría, con sus mil y una contradicciones, con su banda sonora, pero con un “poquitico” de libertad y alguna preocupación más en la cabeza que conseguir unos dólares (pesos no, brother) para poderse llevar algo a la boca.


"Niña cubana", de Mónica Grimal

Visita la web del autor:
www.maletadevuelta.blogspot.com




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