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Errata

Evaristo Aguirre

La vida moderna


Mark Watson es cómico, autor y un fanático de los deportes. Nació en Bristol, Reino Unido, en 1980 y, tal y como él mismo desvela, de acuerdo con la esperanza de vida de su grupo socioeconómico y su índice de masa corporal, morirá en 2056”. Es lo que pone en la solapa de la novela Once vidas (en inglés, solo Eleven) que ha publicado Roca Editorial (con traducción de Isabel Margelí) y no sé a ustedes, pero a mí un texto así me da algunas pistas sobre lo que me voy a encontrar cuando lea (si es que lo leo) el libro en cuestión; no pistas sobre si será buena o mala literatura, ni siquiera respecto a la calidad de la novela (son cosas distintas), pero sí en cuanto al tono y a las circunstancias alrededor. ¿Qué vi aquí? Pues un joven listillo, bien integrado en la vida moderna, en la que ha logrado un cierto éxito profesional y social, con un sentido del humor que quiere tirar a inteligente (que lo es, seguro), con una dosis de autocrítica que podría ser una pose o una actitud sincera que logre escarbar un poco.

Pues a leer Once vidas, hombre.


Estamos en Londres, en el Londres de estos tiempos, y seguimos a un tipo que trabaja en la radio en uno de esos programas nocturnos de mucho dejar hablar a los oyentes. El tipo tiene un éxito y un reconocimiento profesionales notables, a la vez que una vida personal normalita, una vida moderna pero tirando a solitaria. El intríngulis de la novela (y no desvelo nada que pueda entorpecer o estropear la lectura) reside en que un acto del protagonista, un acto como tantos otros que se producen o que se dejan pasar a lo largo de una semana o unos días, uno de esos actos tendrá consecuencias en la vida de otras personas; efectivamente, hasta once personas.

Así, esta novela tiene algo de historia coral, donde la cámara, si fuera cine, iría recorriendo calles y casas y locales y lugares de trabajo de la capital inglesa, y nosotros, lectores mirones, vamos sabiendo cosas de esas once personas, vamos conectándolos entre ellos (unas conexiones que ellos nunca conocerán) y vamos descubriendo cómo es la vida, la vida moderna, en una de las grandes ciudades del mundo, cómo es esa vida unos días antes, puede que unos meses (pero no mucho más) del momento en que estamos leyendo.

Volviendo a la solapa, el autor sí es un tío listo y está integrado en esa vida moderna, que conoce bien y que es capaz de presentar con cariño y con ironía. Hay humor, sí, pero a ustedes no se la presentaría nunca como una novela humorística. Y creo que podemos hablar de literatura por encima de la media, en términos generales, y de una novela conseguida, en términos más concretos.

eaguirre@divertinajes.com




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