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El prado eléctrico

Fernando P. Fuenteamor

Desmontando a Lemuel Pitkin


Setenta y seis años después de su publicación, A Cool Million ─Desmontando a Lemuel Pitkin─ (Gallo Nero), original de Nathanael West, sigue manteniendo la fuerza de su pegada contra eso que se dio en llamar “el sueño americano”.

Las aventuras ─más bien desventuras─ de su protagonista, un hombre inefable, honesto hasta la médula y optimista hasta el absurdo, que cree a pies juntillas que la fortuna le espera en la próxima esquina, nos ofrecen un muestreo impecable de cómo se las gastaba  la sociedad americana en aquellos años posteriores a la Gran Depresión con sujetos como el ingenuo de Lemuel Pitkin.

Concebida como una gran sátira, al estilo del Cándido de Voltaire, la novela, a veces, alcanza cotas de crueldad casi física ─de ahí lo del desmontaje del subtítulo─ que te hacen renegar de pertenecer al  mal llamado género humano que es capaz de putear de esa forma y hasta límites insospechados a su igual; pero, a la vez, West logra arrancarnos una sonrisa y hasta hacernos reír con este relato de las desdichas de su atribulado protagonista que, hasta después de muerto, es manipulado para convertirlo en un héroe nacional. Algo así como el reverso de la medalla de uno de los anónimos y sufridos intérpretes de las películas del bienintencionado y crédulo Frank Capra; o yendo más atrás, de uno de los anacrónicos protagonistas de las novelas juveniles de Horatio Alger Jr., que conseguían siempre vencer a la adversidad y triunfar en la vida a base de tesón y buenos modales.

Nathanael West perteneció a esa pléyade de escritores considerados secundarios por sus contemporáneos y que Hollywood fagocitó en provecho propio durante la época de mayor esplendor del sistema de los grandes estudios malgastando su talento en escribir guiones en películas de bajo presupuesto. Su obra comenzó a ser tenida en cuenta mucho tiempo después, a pesar de que amigos como Scott Fitzgerald o Dashiel Hammett le consideraban uno de los escritores mejor dotados de su generación. Murió joven ─sólo tenía treinta y siete años─, junto a su esposa, en un accidente de automóvil, por lo que su obra literaria es corta, y de ella podemos destacar, aparte de la novela que nos ocupa, La vida soñada de Balso Snell (1934), que fue la primera; Miss Lonely Heart (1935), quizás la más conocida; y El día de la langosta (1939), con mucho la mejor de las tres y que fue llevada al cine por John Schlesinger en 1975  ─una película, por cierto, muy malentendida en su época y que debería ser rescatada, ya que, además, tiene uno de los finales más impactantes de la historia del cine─.




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