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El mirón impaciente

Eduardo Nabal

¡Abran la puerta!


Polisse se adentra en el lado más oscuro de lo que ocurre en las barriadas de Francia siguiendo los pasos de una Brigada de Protección de Menores que actúa dentro y fuera de hogares deshechos, jóvenes que trafican con drogas, y adultos que abusan del poder que les otorgan sus uniformes.

Situaciones familiares tensas, desintegración racial, prejuicios, violencia policial y abusos sexuales son algunos de los muchos ingredientes de un filme descarnado que trata de aligerar la tristeza de su denuncia con situaciones de comedia. Contiene momentos intercalados que no siempre están a altura del conjunto de un relato algo deslavazado, hecho de vidas cruzadas y de personajes que chocan entre sí, a los que encarnan caras conocidas del cine europeo como Ricardo Scamarcio (Edén al oeste), Karin Virad (Potiche) o Nicholas Duvauchelle (La chica del tren) además de la propia realizadora, Maïwenn Le Besco, que se pone ante de la cámara interpretando a una fotógrafa en plena crisis amorosa.

La autora trata de dar un toque colorista a su collage de momentos difíciles y secuencias que pueden hacer reír, llorar o estremecerse al público. Premiada por el Jurado en el pasado festival de Cannes, se presenta como una película con un tono, documental e inmediato, de denuncia apremiante y proximidad a los cuerpos de los intérpretes que nos recuerdan trabajos recientes como Ley 627 de Tavernier, La clase de Laurent Cantet o algunos trabajos de Téchiné, siempre desde una óptica más prosaica, episódica y preocupada por mostrar la dura cotidianeidad y la irritante rutina de hombres y mujeres que se enfrentan  a situaciones demasiado complejas y a personajes dispares en exceso.

Un filme donde se mezclan la multiculturalidad, la identidad sexual adolescente, los malos tratos y la búsqueda de la felicidad. Todo ello  en medio de un caos de pequeñas tragedias, rodadas con brío y soltura,  pero sin un demasiado ingenio ni solidez  y poniendo el peso del filme en el magnetismo del conjunto de  sus interpretes y en los acerados diálogos.

Un aperitivo




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