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Caracteres

Ana Aranda Vasserot

Dào (Una manera de encarar las cosas)

anaarandavasserot@gmail.com


(Dào)

Dào es uno de los términos chinos más conocidos en Occidente, aunque hasta hace poco se escribía como “Tao” (“Dào” debe pronunciarse también “Tao”). Para muchos es un concepto místico o religioso, una idea que se ha extendido debido a la concepción espiritual que se tiene del lejano oriente. Esta imagen mística de Asia es un tema fascinante, ya que nace de un montón de  prejuicios falsos. Aunque ya escribió en los setenta Edward Said acerca de este asunto en Orientalismo, aquí, en este lado del mundo llamado Occidente, seguimos teniendo prejuicios muy parecidos a los de entonces. En Caracteres intento desmontar estos prejuicios, aportando datos y experiencias basados en la semejanza más que en lo diferente. Intento pensar que los demás, en este caso los chinos, son como nosotros, una lección que me enseñó Mark Twain cuando dijo que conocía a la humanidad porque se conocía a sí mismo, y que en él mismo estaba todo lo bueno y lo malo de la humanidad.

Volviendo al tema del dào y de la concepción orientalista, el sinólogo Albert Galvany fue uno de los primeros en observar que los traductores españoles de El libro de la virtud y el camino (Daodejing, antes llamado Tao Te King)  tenían la costumbre de dejar sin traducir el término dào y además solían escribirlo con la primera letra en mayúsculas: Dào. Esta grafía conduce inevitablemente al lector a relacionar el dào con otro concepto que en español se suele escribir parecido: Dios.

También supongo que el estilo metafórico y el lenguaje a veces poético o críptico del Daodejing es un factor que favorece al efecto místico. Si además Laozi, el autor del Daodejing, nos dice que el dào es inefable, es decir, que no se puede explicar, entonces estamos casi condenados a no entender nada, porque después de eso, a ver quién es el loco que se decide definir qué diablos es eso del dào.

Yo soy esa loca. Y me atrevo a decir que lo que quería decir Laozi es que cualquier explicación es insuficiente e inadecuada, lo mismo al hablar del dào que al explicar un chiste o un poema: se puede explicar, pero la explicación no contiene la gracia del chiste o la belleza del poema.

Antes de proseguir con este arrebato de locura, hay que aclarar que el dào es un término muy usado en la filosofía china, no sólo para el taoísmo sino para otras escuelas filosóficas. Cuando algún pensador se preguntaba qué era el dào, lo que investigaba era cuál es el camino que los hombres y el gobierno debían tomar. Las principales escuelas de la filosofía china tienen diferentes interpretaciones acerca de lo que el hombre debería hacer o no hacer. Para Laozi, el hombre debe retirarse, abandonar las pasiones; Confucio, en cambio, creía en un hombre social motivado por la benevolencia; Han Feizi proponía las leyes y la educación.

Al saber esto, ya  no nos  sorprende tanto que Laozi pensara que el dào no se puede definir: se puede discutir, se puede idealizar, se puede mejorar, se puede explicar, como un chiste o un poema, pero si se expresa de una forma precisa y cerrada, se estropea. Esta imprecisión es muy difícil de entender en un mundo, tanto aquí como allí, en el que las personas nos definimos constantemente: soy de izquierdas, soy madre, soy mujer, y al definirnos nos ajustamos o encerramos en nuestra propia definición. El dào, en cambio, es algo que no se sitúa en ningún lado, que no tiene identidad, sólo es la búsqueda del camino que hay que seguir en cada momento, un camino que cambia y se transforma porque el ser humano y la sociedad cambian y se transforman. No es una fórmula que puedas aplicar a cualquier cosa, es una manera de encarar las cosas. Tal vez por eso, el carácter dào (道) está compuesto por el radical 辶(chuò) que significa “caminar” y el componente首 (shǒu) “cabeza”, porque, vayamos donde vayamos, debemos caminar sin perder la cabeza, es decir, con sensatez..

 

 

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