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El prado eléctrico

Fernando P. Fuenteamor

Una maravilla de libro


De Fernando Clemot había leído, y releído, su magnífica novela anterior, titulada El golfo de los poetas (Barataria), que a su densidad estructural unía un manejo del lenguaje tan rico y equilibrado que la hacía fluir armoniosamente como un enorme y tranquilo rio lleno de afluentes literarios que sostenía la gratísima travesía del lector a través de todo su curso, y que se abría en un gran delta final donde poder varar la barca de una escritura presentada con un irreprochable clasicismo en la forma, pero que en su fondo contenía una modernidad y una actualidad fuera de toda duda.

Con El libro de las maravillas (Barataria), Clemot vuelve a demostrarnos su talento y su gran oficio como malabarista de palabras.

Estamos en una clínica de reposo, una especie de cementerio de elefantes, donde los pacientes esperan más o menos resignados la llegada del fin de sus vidas. Varado en esa playa final de su vida el protagonista rememora fractalmente lo que ha sido ésta ─la mayor parte del tiempo una existencia sin sentido─ articulada en torno a las mujeres que ha amado o ha creído amar.

Como no quiere cumplir este rito de pasaje de una forma pasiva,  intenta, a través de la escritura de unos cuadernos narrarnos fragmentadamente el devenir de sus días pasados ─mezclado aleatoriamente─  con su monótono discurrir diario en la clínica: sus idas y venidas,  sus contactos con los médicos, enfermeras y otros pacientes. Y es gracias a uno de esos pacientes, Bridoso, que comienza a componer su propio Libro de las Maravillas ─en el que él toma el papel de Rustichelo y los demás pacientes, el de Marco Polo─, escribiendo los relatos de retazos de vida de esos otros compañeros que esperan su entrada en el Pabellón de crisis del sanatorio. Así será capaz de realizar viajes que nunca se atrevió a hacer y a vivir, como un avatar, sus aventuras, sus amores, sus miedos, sus frustraciones. Pero mejor dejemos que él mismo nos lo explique: “Mi necesidad de completar con las vivencias de otros, con sus viajes y pequeñas o grandes aventuras, lo que consideraba una vida pobre, una existencia insulsa… consideraba que había llevado una vida de cobarde…”

Clemot le da la oportunidad al protagonista de rescatar de las mareas de la memoria, propia y ajena, aquellos materiales arrancados del fondo sedimentado de sus vidas para componer un metafórico mapa de la existencia, que le ayude a sacudir la melancolía de esos días vividos en la fría y solitaria antesala de la muerte y que le obligue a filosofar sobre los frágiles y untuosos  andamiajes de la memoria. No hay futuro cuando se está frente a la muerte, así que mejor rememorar el pasado.

Escrito con toda la densidad alegórica y el tempo preciso que caracteriza toda su obra anterior el Libro de las Maravillas es una muestra incontestable del extraordinario talento de Fernando Clemot.




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