Secciones:

Boletín de novedades

Reciba nuestro Divertín de manera regular y gratuita.
Su e-mail

¡Web seleccionada entre las mejores!

Errata

Evaristo Aguirre

Cincuenta años

Andaba con dos libros a la vez, que de repente se cruzaron. En los estupendos Diarios de Iñaki Uriarte (de los que no hablaré aquí, porque ya lo ha hecho mejor el vecino Javier Goñi en su Pizarrín), leo lo siguiente a propósito de que el “extraordinario éxito de las religiones” tiene relación con lo aprendido en la infancia:

“El 23 de febrero de 1962, el padre Félix García confiesa y administra la extremaunción a Julio Camba. Unos días más tarde escribe en ABC: ‘En su hora definitiva sintió la reviviscencia de la fe primera, limpia y clara de la niñez’. El padre Félix añade que Julio Camba no recordaba bien el Padre nuestro, ni el Dios te salve, María, pero sí el Cuatro esquinitas tiene mi cama, cuatro angelitos guardan mi alma. ‘¿Puede valer?’, habría preguntado el pobre Camba”.


Claro, el otro libro era uno de Julio Camba (Playas, ciudades y montañas, publicado por Reino de Cordelia, con un prólogo de Francisco Fuster García). La coincidencia era doble, no solo un autor citaba al otro, sino que hablaba de su muerte y yo lo leía unos días antes de que se cumplieran cincuenta años de ella, pues Camba murió un 28 de febrero.

Julio Camba (Villanueva de Arosa, Pontevedra, 1882-Madrid, 1962) ha estado en estas Erratas hasta tres veces (una, dos y tres), siempre al hilo de la publicación de algún libro en el que se recogían artículos suyos, lo que invalida o al menos pide matizar esas afirmaciones de que se trata de un autor olvidado. No, quizá no esté todo lo valorado que sus lectores más entusiastas creemos que se merece, pero desde luego no se puede hablar de olvido. De todas formas, Camba fue un periodista, un escritor de artículos de esos que no tienen mucha información factual, pero sí mucha de otra clase (sensaciones, emociones, opiniones, parodias…), que a la larga deja un poso mayor. A lo mejor Julio Camba es un serie B de la literatura y está donde tiene que estar… A mí, ya lo saben ustedes, la serie B me va mucho.

Este reciente rescate, Playas, ciudades y montañas, recoge artículos de los primeros años de la década de los diez del siglo XX, antes de la Gran Guerra, como dice el autor. Las playas son de Galicia; las ciudades se limitan a París; las montañas son las de Suiza. El autor ve con cierto desagrado el progreso urbanístico, se ríe del nacionalismo gallego, admira la cocina francesa (y a las mujeres francesas), no acaba de entender el turismo. 

Habla de la carretera que va de Pontevedra a Marín como uno de los lugares más bonitos que ha conocido; ya he dicho que se trata de 1911, 1912 o 1913. Yo transité mucho esa carretera en los veranos de mi infancia, en los años setenta, y creo que no exagero al decir que se ha convertido en uno de los rincones más feos y apestosos de España, con una horrible fábrica de celulosa en medio (he vuelto a pasar hace muy poco). Qué cosas.

eaguirre@divertinajes.com




Archivo histórico