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El mirón impaciente

Eduardo Nabal

Una familia sobrevalorada


Sin ser una gran película, Los descendientes es un melodrama familiar apreciable y, probablemente, la película más sólida, lúcida y madura de Alexander Payne.

El director de Entre copas se adentra en el núcleo de una familia sacudida por un terrible accidente deportivo en el mar  que mantiene a la madre en un coma prolongado. Payne se apoya en el carisma de George Clooney, pero sobre todo saca lo mejor de  actrices y actores secundarios de gran expresividad  como Judy Greer o Matthew Lillard al tiempo que nos desvela, sin prisa aunque pausadamente, las crisis previas, los secretos ocultos y la crispación humana que precedieron y siguen  a la tragedia, mostrando con inteligencia los problemas de los jóvenes en el sistema educativo y las dificultades de la paternidad.

Lejos de grandes alardes estilísticos, Payne se vale de la fuerza de un guión lleno de diálogos más o menos ingeniosos y de un excelente reparto para conducir al espectador  a través  de  un drama con un par de secuencias de comedia y un toque agridulce algo molesto pero salvado por la sobriedad de la puesta en escena y el cuidado con el que trata los matices psicológicos del relato. Aunque el filme abusa de los paisajes de Hawai, de las puestas de sol y las imágenes turísticas, Payne sabe cómo manejar su pequeño cuadro sociológico sobre la descomposición de un núcleo humano y la aceptación de la pérdida y la soledad.

Algunas de las mejores secuencias son más crispadas, como aquellas del enfrentamiento de la hija con su progenitor y la institución escolar o el tenso encuentro del protagonista masculino con el antiguo amante de su mujer.

Estamos ante un trabajo algo sobrevalorado, pero realizado con dignidad y donde ni siquiera la tendencia al histrionismo de Clooney —más contenido de lo habitual— empaña este pequeño “zoológico” que Payne convierte en un relato universal sobre las formas de encarar la muerte, la infelicidad, el desapego, los celos y  la búsqueda de la identidad después de la catástrofe. Un trabajo que oscila entre el drama hollywoodiense al uso y el cine “indie” y  que plantea algunas preguntas incómodas, pero acaba optando por soluciones narrativas poco arriesgadas.

Un aperitivo




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