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Viajar al óleo

Armando Cerra

Visiones de la capital

Vivo en una ciudad con dos mil años de historia. Mi casa está a cien metros del lugar donde la ciudad capituló ante los franceses durante la Guerra de la Independencia. Y todos los días camino por un canal (imperial) creado en el siglo XVIII. Todos esos asuntos rarísima vez son objeto de atención del Informe Semanal y los informativos.

En cambio, durante el pasado año ¿quién no oyó hablar del centenario de la Gran Vía madrileña?

Soy un chico de provincias. Vaya, un provinciano. Eso tiene sus inconvenientes pero también te permite ciertas licencias, como por ejemplo decir que esa calle de Madrid no me dice absolutamente nada.  ¡Ojo!, no digo que no tenga su importancia, atractivo, belleza e interés, solo que yo no veo nada de eso.

Además de una casilla cara de esa escuela de especuladores que es el Monopoly, para mí únicamente es el sitio donde las luces de la tónica más famosa del mundo fueron el fondo para el vértigo del cura de El día de la Bestia. Ya he dicho que soy un provinciano, aunque viajado. Esta avenida madrileña me transmite mucho menos que estrechas calles de otros lugares que he visitado, incluso de Madrid.


En realidad, creo que tanta alabanza a la Gran Vía es fruto de gentes tan provincianas como yo. Que los madrileños se empeñen en conmemorar ante el resto de los españoles el centenario de esta avenida es como cuando en un pequeño pueblo restauran los antiguos lavaderos, solo les importa a ellos. La diferencia es la difusión de una cosa y de otra.

La Gran Vía, y en general todo Madrid, a mi entender, no es un sitio para vivirlo. Me gusta más en las imágenes filmadas por un vasco como Álex de la Iglesia. La prefiero en las instantáneas de un leonés como García Alix. La conozco por las canciones de un natural de Úbeda como Sabina. Y sobre todo me parece una ciudad diferente en las telas del manchego Antonio López.


Todos ellos de orígenes provincianos, y ya absorbidos por la capital. Ellos tienen la suerte de conocer el lado acogedor de Madrid. Yo, no. De todos modos, me queda el falso hiperrealismo de Antonio López para disfrutar de Madrid. Él pinta en soledad una ciudad sin sus millones de personas, la retrata sin prisa rodeado del stress de la metrópoli, él envuelve la cruda realidad de la urbe en una atmósfera de ensueño. En definitiva, me enseña un Madrid que no conozco.

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www.maletadevuelta.blogspot.com




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