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El prado eléctrico

Fernando P. Fuenteamor

Libro amigo


A veces una mano amiga desliza en las tuyas un libro y una recomendación de lectura. El ejemplar viene, además, acompañado de una carta de presentación del autor en la que, con humildad de autoeditado, me pide leerlo y que le dé mi opinión sobre su obra. Me confiesa también que escribir es su verdadera pasión, aunque su trabajo nada tenga que ver con los quehaceres literarios, y que agradecerá cualquier consejo que pueda darle.

Es así como llegó a mis manos la novela de Rafael Juan y Seva Redondo  El tesoro de Toledo (Escriba Editorial, en formato autoedición) que empecé a leer desechando cualquier tipo de prejuicio y como homenaje personal a tantos escritores aficionados que llenan los seminarios de escritura del país con el afán de llegar a ser alguien en el mundo de la letra impresa y con una vocación que la mayoría de las veces está muy por debajo de sus verdaderas posibilidades literarias.

No es el caso que nos ocupa porque El tesoro de Toledo nos descubre a un narrador popular de prosa fácil que no se entretiene en florituras, y va al meollo del asunto sin meterse en embarrizadas averiguaciones psicológicas de sus personajes. Lo importante es que la acción avance, y que los protagonistas ─tanto los históricos como los de ficción─ y sus motivaciones resulten creíbles y plausibles para el lector al que va dirigida la novela; por tanto procura no perderse en retóricas disquisiciones que rompan la fluidez de la trama y que sólo servirían en último extremo para demostrar “la preparación cultural” del autor, rompiendo el ritmo de la acción.

Pero, ¿qué nos cuenta El tesoro de Toledo? Pues la historia de la búsqueda de un tesoro que rescatará la memoria de una de las mujeres más emblemáticas y corajudas de la historia española:  doña María de Pacheco, apodada La Leona de Castilla, esposa del ajusticiado comunero Juan de Padilla que mantuvo en vilo al emperador Carlos V hasta su muerte en su exilio de Portugal. Una mujer que luchó hasta el final para limpiar la memoria de su marido y para que el movimiento comunero y sus ideales continuaran vivos a través del tiempo. Su resolución obligará, quinientos años después, a la protagonista, Andrea, a seguir sus huellas, y por el camino a descubrir su pasado y a cartografiar su futuro.

Esta aventura en pos de un tesoro y la memoria se articula en capítulos que nos llevan del pasado al presente y donde la acción  y el interés de la tramas no decaen un momento, cumpliendo a la perfección con todas las convicciones del género de este tipo de historias. Apoyada, además, en unos estupendos diálogos, que huyen inteligentemente del cartón piedra en la parte histórica y de lo anecdótico en la actual, El tesoro de Toledo se alza varios codos por encima de otras muestras del género escritas y publicadas  en España y fuera de nuestras fronteras y dice mucho del buen hacer literario de su autor, Rafael Juan y Seva Redondo.




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