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El pizarrín

Javier Goñi

La victoria huele a azahar


Déjenme que les diga que Miguel Pardeza, alto cargo del Real Madrid, se pone juanramoniano y dice que la victoria huele a azahar. Y Pep Guardiola, con sensibilidad lírica acreditada, recita en viodeoclip al poeta catalán Miquel Martí i Pol. Y verán. Hace un par de miércoles –el miércoles ese día, presente, a veces; otras, semiolvidado; día de la semana a recuperar, ojalá–, yo me las tenía muy felices, y me había puesto a leer, con entusiasmo azulgrana, el libro de Juan Cruz Ruiz, Viaje al corazón del fútbol, que éste sí que es desde su lejana insularidad canaria azulgrana, tanto que el joven Juan Cruz se hacía llamar, entonces, en las redacciones escolares, que las bordaría, pues es un periodista vocacional –a punto de convertirse esto en un triste oxímoron–; se hacía llamar, digo, Juan Azul Grana (que ya le vale).


Pues bien, mi amiga Silvia Fernández, de Roca Editorial, me envió hace quince días el libro que saca Córner y que tiene que ver –lo que sea– con Roca, sin pensar –seguro– que hace dos miércoles había derbi de I/V: aquí, que uno es muy madrileño y antimadridista, se gozó de lo lindo; allí, algunos, yo no, que soy un caballero, acaso sí, Juan Azul Grana, que no lo sé, habrá que preguntárselo, vamos que allí, algunos, locales y partidarios acabaron pidiendo la hora, por si las moscas. La victoria huele a azahar, sí, seguro, si así lo veía, juanramonianamente, Miguel Pardeza, futbolista que fue, alto cargo ahora del Real Madrid, buenísimo conocedor de César González Ruano, escritor y truhán, y así se lo decía, en otro contexto, sin el acelerón del derbi pasado (nosotros, los azulgranas, por los pelos), a Juan Azul Grana en este libro, Viaje al corazón del fútbol, y su subtítulo –que se las trae: Conversaciones desde la pasión o la admiración sobre el gran Barça de Guardiola–, que llevaba hace un par de miércoles luces de neón, se fundieron algunas al miércoles siguiente, y este fin de semana último en que, por gratas razones familiares, hice un tour Madrid–Londres–Berlín–Madrid, me entero en el Iberia de vuelta por dos del Madrí que los chicos de Guardiola se han puesto a cero allí con el Villarreal.


En este fin de semana de cierre de Spanair las bromas las justas, pero de los varios aviones que tuve que coger el único que acumuló retraso de más de una hora por una serie de infortunios –que explicó con sádica y atenta precisión el comandante que sustituyó al que se había sentido indispuesto y había hecho frente, el sustituto, a un problema técnico completáááámente resuelto a la hora de radiar en dos idiomas el parte de percances– fue el de Iberia, así que me dio tiempo, en la espera, rodeado de dos o tres madridistas de Ciudad Real que me explicaron por qué habíamos perdido –ya– la liga, a acabarme el libro de Juan Cruz Ruiz y ponerme además con otro, Cuando nunca perdíamos. 15 miradas sobre el Barça, donde colaboran con ficciones culés unos cuantos escritores y periodistas deportivos, que éstos últimos gustan mucho del verso bien rimado, de la frase bien adjetivada, del párrafo bien florido, del folio bien granado, que a los periodistas deportivos no ya la victoria, sino cualquier crónica apalabrada les huele a azahar, y que se lo digo yo, por si no lo hubieran percibido. A purito azahar. Vaya que sí. Pues bien, a estos quince plumíferos culés –desde un Juan Bonilla o un Juan Cruz, aquí como escritor, culés de la Diáspora, y más aún de la Diáspora de Peñas Culés de Ultramar, el colombiano Juan Gabriel Vásquez, el mexicano Juan Villoro, el catalano–mexicano Jordi Soler, quien se enteraba, en su niñez, allá en la selva mexicana, tres o cuatro días después de los resultados de su Barça, y así– los ha convocado, seleccionado y prologado el editor Antoni Munné y triunfan en el campo del Alfaguara.


Son ciertamente estos dos libros, publicaciones sectoriales, que interesarán a unas peñas, sin duda, y nada desde luego a otras peñas, esas que apadrina Tomás Roncero en Marca, veterano diario este nacido de bélicas hazañas de color azul que tú bordaste ayer, que desde hace unos días –el runrún, no sé, está en la calle– ha pasado de pertenecer a la muchachada Mou a marcarle las distancias. Ni entro ni salgo, pero comprendo a los de Marca. Es muy fuerte ver, el otro miércoles, a Mou, que no lee ni el Marca ni a Miquel Martí i Pol, esperar en el parking del eterno rival al árbitro. Para demandarlo con ímpetu de miles fanfarrón un autógrafo. Como los autógrafos que se intercambiaron Jordi Soler y Cruyff por persona interpuesta; el escritor en una novela suya y el semidiós culé en un poster.


Son los dos, sí, dos libros muy para partidarios, Indudablemente, aunque en la selección de Toni Munné  para Alfaguara hay notables piezas literarias: además de los citados allá arriba, destacaría las ficciones de José Antonio Garriga Vela, de Zarraluki, un narrador con el que sus lectores ya nos estamos impacientándonos: ¿en qué estás?, y de Vila–Matas, claro está que, como otros, repite en la tribuna de Juan Azul Grana. Como en su día leí y fui –algo– partidario de aquel libro merengue que sacó Planeta hace unos años: de aquellos Luis Landero es quien lleva el fervor de oro y quilates más grande y es muy divertido –lo he practicado– que te afee tu afición culé con sendos vasos de whisky, que el alcohol, entre otras virtudes que posee, destaca por hermanar.


No tengo intención de alabar hasta convencer ninguno de estos libros, pero sí resultan ilustrativos, sobre todo el de Juan Cruz por el tono conversacional que propicia que mejor fluya la pasión y, en ocasiones, por qué no decirlo, el huliganismo, que lo hay. Ppor razones generacionales entiendo el burdo antimadridismo de Julio Llamazares que no es, en cambio, tan culé como yo, y sobre todo como Juan Azul Grana –algunas preguntas son tan desmelenadas y muestran una implicación tal que difícilmente el seguido y respetado en otro tiempo Libro de Estilo de El País no le permitiría hacer–. Pero es un libro pasional, y apasionado, pero a la vez contenido, porque chapotea las más de las veces en la nostalgia y en la memoria, en el recuerdo, y ahí somos todos niños intercambiando cromos. La viuda y el hijo del Gran Manolo Vázquez Montalbán, el mismo Vila–Matas, Ana María Moix son todos catalanes y culés de pura cepa, y valen sus testimonios, y Serrat, claro, pero es que Serrat igual cae bien en el Estado Español que en España. Y lo mismo cabe decir de otro grande–grande, Juan Marsé, sensato y apasionado culé y poco antinacionalista, es sabido, respetado y aplaudido. A mí, sobre todo, me han interesado las largas y sabias conversaciones que mantiene Juan Azul Grana con Gonzalo Suárez, escritor, cineasta, periodista deportivo –aquel Martín Girard de hace varias décadas, reunido en un extraordinario libro de nuevo periodismo español que sacó no hace mucho Seix Barral; un Martín Girard, sabio barbado encanecido que ha vuelto ahora a las páginas deportivas de El País– e hijastro del mítico Helenio Herrera. Con Manuel Vicent. Con Michael Robinson (que parece que por contrato no puede disimular su acento británico: en la historia de la TV en España puede que hayan sido dos o tres más los acentos míticos: el austriaco Franz Joham, para los de más edad, y Hertha Frankel y su perrita Marilyn, a mí, niño en B/N, me sacaba de mis casillas, y desde luego Torrebruno, inmenso por cierto en aquella película Orquesta Club Virginia, con Emma Suárez –ay, para mí la mujer más hermosa del cine español de estos años: y a quién le importa esto, lo dejo puesto, por si acaso–; esto de los acentos de los de la tele es, como lo de los futbolistas, venga barajar cromos color sepia en la memoria de uno). Con John Carlin (como esto se está convirtiendo en un revoltijo de cromos y de negritas, déjenme que les diga que a mi John Carlin, su español está más aclimatado que el de Mr Robinson, me parece uno de los mejores reporteros que escriben en la prensa española, ya sea de Sudáfrica, de México, o de fútbol de lo que sabe mucho: es uno de los más sensatos en el libro de pasiones y conversaciones de Juan Azul Grana). Y me gustan, por último, las parejas, la de Vila–Matas/Marsé ya ha quedado anotada arriba. Me detengo ahora en la de Miguel Pardeza y Luis Alegre, ejemplos ambos de sensatez, de sabiduría y de humor. Más abajo aparece claro está Jorge Valdano, argentino las 24 horas, y el colombiano Daniel Samper, otro periodista que en su tiempo contribuyó a poner en buen nivel la prensa española. Pardeza, a quien le he cogido su frase juanramoniana para titular este pizarrín es, ahora, algo cargo del Real Madrid, pero apenas se le nota, vamos, que no desentona en esta gavilla de folios culés. Dice cosas con mucho sentido y le da el punto humorístico y con cachirulo Luis Alegre, amigo personal de Pep Guardiola –aunque sus colores a muerte sean los del Zaragoza, su club, su ahora paño de lágrimas– y de medio cine español.


Oyéndoles hablar de fútbol a Vicent, a Pardeza, a Alegre, a Valdano, a otros, pienso –oyéndole de música de fondo a Pep recitar a Martí i Pol– que a lo mejor estaría bien dejar el fútbol profesional en manos de los poetas. Se sabe que cuando se han metido a gobernar, les ha ido mal, pero en fútbol no hay tantos precedentes. Yo que quiero lo mejor para el club de mi hijo Mateo, considero que mejor les iría –más señorío, de ese que tienen en vitrinas– con Valdano que con Mou que no lee ni a Pessoa. O a Luis Alegre presidiendo el Real Zaragoza C. F., aquel club de mi infancia, la de los Cinco Magníficos, Canario, Santos, Marcelino, Villa y Lapetra, el club de los amores apasionados de Félix Romeo, que se fue en casa de Aloma un viernes 7 de octubre, y al que la revista de cultura aragonesa Rolde le ha dedicado un número monográfico, lleno de amigos, vida y color, fotos, dibujos, Félix inmenso, Félix y los amigos, y los libros, y la comida, y la bebida, y los viajes, Félix, Félix, contagiando a alguien su afición al fútbol, a su Zaragoza. Y entre los amigos está Antón Castro, escritor y agitador cultural en su ciudad de adopción, que en su blog nos hace las crónicas bien adjetivadas y objetivamente apasionadas –es el entrenador del equipo y en él juegan uno o dos hijos suyos, creo– del club de fútbol Garrapinillos, que eso es empezar desde abajo, y poner en ello la misma pasión y adjetivación que hablando del Barça de Guardiola, que ya está bien de hablar del club culé, y a ver qué hacemos, querido Juan Azul Grana, este miércoles 1 de febrero con el Valencia. A ver.




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