Secciones:

Boletín de novedades

Reciba nuestro Divertín de manera regular y gratuita.
Su e-mail

¡Web seleccionada entre las mejores!

El mirón impaciente

Eduardo Nabal

Millenium, segunda toma


Millenium es la versión estadounidense de la saga literaria y fílmica de la que forma parte Los hombres que no amaban a las mujeres, uno de los fenómenos sociológicos más curiosos de este tiempo, pero también una nueva película de David Fincher.

El director de Seven y El club de la lucha se muestra menos arrogante de lo habitual y consigue, a partir de las páginas del primer volumen de Stieg Larson, una película compacta, detallista, inesperadamente comedida y dotada de una innegable buena caligrafía fílmica a pesar de no aportar gran cosa a un relato truculento y alambicado salpicado de ciertas dosis de ironía en el retrato de sus dos maltratados protagonistas (el periodista y la hacker) que aquí resucitan gracias al talento de Daniel Craig, que vuelve a demostrar su talla como actor, y al descubrimiento de Rooney Mara que, sin embargo, suaviza los rasgos del personaje de Lizbeth Salander.

Estamos ante un thriller que navega entre Agatha Christie y El silencio de los corderos con breves apuntes sobre la corrupción empresarial y periodística y sobre el pasado nazi que pervive en la memoria de la Suecia de nuestros días.

Fincher consigue un ritmo trepidante, un celuloide medido —apoyado en un astuto guión de Steve Zaillian—, tal vez algo frío, como esos paisajes helados y grisáceos en los que buscan “la verdad” sus ya demasiado familiares protagonistas. La narración del realizador de Zodiac y su acercamiento a los personajes es más intensa que la del trabajo de su antecesor Niels Arden Oplev, aunque también corre menos riesgos narrativos mostrándose incluso algo recatado y púdico en las secuencias más truculentas de un relato atractivo, negro, trepidante y  mordaz —aunque en el fondo no tan original como quiere aparentar— convertido finalmente en un policiaco hollywoodiense que logra su casi único propósito: entretener. No obstante, y teniendo en cuenta la masa de seguidores y expertos en la prosa de Larson, se agradece esta aproximación honesta, clara e intensa de un realizador normalmente tentado por el efectismo y la grandilocuencia.




Archivo histórico