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Errata

Evaristo Aguirre

De aquellas músicas...

Estuve el otro día en el concierto de los jóvenes Arctic Monkeys en Madrid… A ver, igual esto necesita una introducción.

Hace ya unos cuantos años, descubrí un grupo neoyorquino de finales de los setenta, Television, me enganché al sonido de sus guitarras eléctricas, a sus largas canciones de estructura más compleja que las del pop o rock que escuchaba por aquella época, a su estética sobria y dejada. Publicaron un disco en directo con el que me hice enseguida; The Blow Up, se titulaba. Al cabo de unos meses, en la Filmoteca, que un tanto gafapasta (antes de que existiera el término) frecuentaba por aquel entonces, programaron una película con ese mismo título, de la que no sabía nada pero me fui a verla empujado por aquella coincidencia de palabras. Efectivamente, lo han adivinado, era la obra de Michelangelo Antonioni de 1966. Una película que me sirvió para descubrir a este realizador italiano, para saber más del grupo que aparecía tocando en una de las grandes secuencias de la peli, que eran los Yardbirds, unos clásicos del blues inglés sesentero, y para enterarme de que el guión estaba inspirado en un relato de Julio Cortázar, Las babas del diablo, que leí a los pocos días, cómo no. Pues eso, que una cosa lleva a la otra…


Alex Turner, de los Arctic Monkeys


Joe Dunthorne, el escritor

Así que, como decía, estuve el otro día en el concierto de los jóvenes Arctic Monkeys en Madrid, y es que mi gusto por este grupo me llevó al libro de esta semana. Porque me gustan las canciones de estos chavales, compuestas por su cantante, Alex Turner, una especie de niño prodigio del pop, tan versátil como para meterse en otros berenjenales, como hacer música pata una banda sonora. Me encontré con un disco, de apenas seis canciones, firmado por este Turner, que era la música de una película titulada Submarine. El disco es estupendo, por cierto. Pensé que aquella película podía tener su interés y así supe que estaba basada en una novela del mismo nombre, y al poco tiempo, veo que la novela se publica en España, así que no me ha quedado más remedio que leerla; bueno, sí tenía alternativas, pero me apetecía leerla. Es Submarino, de Joe Dunthorne (Swansea, Gales, 1982), publicada por Suma de Letras (con traducción de Isabel Murillo).


Publicada en 2008, cuando su autor tenía unos 26 años, es una de esas primeras novelas muy autorreferenciales, que hablan del mundo de los adolescentes del que el autor apenas acaba de salir o no ha salido todavía, un subgénero que me gusta mucho y del que no les voy a dar ejemplos, porque seguro que se les ocurren los dos o tres famosísimos y algunos otros de segunda fila pero que pueden llegar a ser tan conmovedores o más que los de la primera.

Submarino cumple con todos los requisitos, con los buenos y con algunos de los malos. El adolescente protagonista y narrador es un capullo, es listo, tiene una visión del mundo peculiar y una manera de actuar coherente dentro de su incoherencia. Hay tres asuntos fundamentales en su vida, que son la relación con sus padres, a los que mira con una absurda pero convincente superioridad, su noviazgo con una compañera de colegio y su interés por las palabras nuevas y por la escritura, que se plasma en algunas entradas de un diario, disparatadas pero inteligentes. Lo que no queda claro, creo yo, es el porqué del título, dicen algo en la contraportada, pero no lo he encontrado en el texto. Tampoco pasa nada, pero… Con Joe Dunthorne puede pasar lo que con tantos primerizos que impactan con su debú, que desaparezca, que mantenga una renqueante carrera o que se convierta en uno de los buenos. Por ahora, vamos a decir que ha empezado con buen pie.

eaguirre@divertinajes.com




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