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Círculo de iluminación

Eva Orúe

En el día del cierre del Megaupload

eorue[arroba]divertinajes[punto]com

Me comprometí a completar hoy la conversación sobre internet y cultura que mantuve y reproduje con Jorge Dioni López. Les debía una idea que quiso compartir conmigo, y resulta que son dos:

No sé si sabes que las cosechas de naranjas se venden en agosto. Un tipo va a la huerta y ofrece una cantidad al agricultor. Es una cantidad fija, que no se mueve sea como sea la cosecha. No sé cómo a nadie le llame la atención que el sector cultural funcione igual que el primario. Si aceptamos que los contenido pornográficos anticipan tendencia, habrá mucha autoedición pero, también, la industria se aprovechará de los contenidos de los espectadores y habrá una gran oferta que se consumirá en un chispazo con pocas estrellas, poca profundidad; cultura trending topic. 

Llevo días pensando en una cosa sobre la propiedad intelectual y aún no tengo claro cómo explicarlo. Además de la industria, creo que autor y obra también sufrirán una evolución. La muerte del poeta, sería un buen título para un ensayo de Anagrama.  Son conceptos que vienen del romanticismo y se revisarán. El autor dejará de ser un individuo que recibe una inspiración para dejar paso a grupos heterogéneos de gente. La obra será algo que siempre estará en evolución; ya no será algo cerrado, sino que constantemente contará con aportaciones de mucha gente en muchos ámbitos. Tú ves algo y haces una aportación (un diálogo, una foto, una música). Esas dos características, que sea algo abierto (por lo tanto, no pirateable, sino que hay que suscribirse) y que sea algo colectivo (con trabajo de gente que no espera cobrar mucho por ello) permitirán que siga habiendo mercado cultural.

Aportación colateral

Me limito a copiar los datos de la nota de prensa:

La agencia del ISBN registró 17.843 obras digitales en 2011, un 38% más que en 2010.

El número de obras registradas en papel fue de 84.510, un 12% menos respecto al año 2010

Los libros digitales representaron el 17% del total de los libros registrados por la Agencia del ISBN en 2011.

La propuesta

[ACTUALIZACIÓN: VA A SER QUE NO. Pero dejo el comentario, porque sigue siendo válido...]

Escribo estas líneas sin saber si Vargas Llosa ha aceptado o no encabezar el Instituto Cervantes. Han leído ya mucho sobre el ofrecimiento que en nuevo Gobierno ha hecho a quien es, sin duda, uno de los más ingeniosos hidalgos del idioma que nos une.

No me cabe la menor duda de que el escritor hispano-peruano contribuiría hacer del Cervantes esa poderosa máquina cultural que, si creemos lo dicho no ya en las últimas semanas, sino en los últimos años por algunos de los hoy altos cargos de Cultura (sí, ya sé que el Instituto no depende de ese ministerio), debe ser. Cultural, política y económica, porque creo que quienes tienen esto en sus manos abrigan una idea del español y la cultura en español mucho más política y comercial que sus antecesores.

También sigue sin despejarse la incógnita de quién se ocupará del día a día de la institución, porque estamos de acuerdo en que Vargas Llosa sería el Rey, reinaría pero no gobernaría (por cierto, no sé si esa condición ornamental está en su carácter, pero…). Ahora nos falta el Mariano Rajoy o, en la jerga cervantina, el director. Por lo que sé, un no tan lejano Ministro de Cultura se ofreció al poco de ganar el PP las elecciones, y hace unos días el reputado responsable de un ejemplar centro cultural madrileño recibió una llamada proponiéndole el puesto que, a estas horas, sigue ocupando Carmen Caffarel… Me asombra que, teniendo tan claro como tenían que iban a ganar las elecciones, no hubieran pensado en nadie… En fin.

[ACTUALIZACIÓN HIPOTÉTICA: A lo peor el Consejo de Ministros resuelve la duda...]

Coincidencias


Marta Sanz presenta dentro de poco, el día 3 de febrero, la nueva edición de su primera novela, El frío, recuperada por Caballo de Troya.

Ese mismo día llegará a las librerías su último trabajo, Un buen detective no se casa jamás, la nueva aventura del detective homosexual Zarco (al que conocimos en Black, Black, Black), con el sello Anagrama.

Algunos pensarán que esta coincidencia es una pena, que un libro puede matar al otro... Mírenlo de este modo: es una gran oportunidad para medir el crecimiento de una excelente escritora…

Adiós a tres grandes...

Ya había iluminado el Círculo anterior cuando me llegó la noticia de la muerte de Elena Figueras, que añadí como una triste actualización…

También se ha ido Carlos Pujol, al que muchos conocían sobre todo como jurado del Planeta pero que era mucho más: Javier Goñi lo definió en su día como «un señor de la literatura» y escribió un pizarrín en el que daba cuenta de sus muchos méritos y saberes.

El último en esta semana aciaga ha sido Miguel García-Posada.

... y a una referencia


Los programas culturales (entiéndase en el sentido amplio) casi nunca han sido bien tratados por las televisiones públicas (que, desde mi punto de vista, encuentran en ellos su verdadero ser), mucho menos en las privadas.

De ese trato poco generoso se han «beneficiado» también aquellos destinados a los libros. Los ha habido, sí, y los hay, pero nunca ninguno ha conseguido ser una referencia de la televisión que lo acogía. Al menos en España.

Y ahora, la crisis, que castiga tantos pecados (perdón por el lenguaje «catódico») y se supone que debe explicarlo todo. Por ejemplo, el adiós a Borradores, el refugio que Antón Castro mantenía abierto en Aragón Televisión. (“El documento solicitado ha caducado”, leo en la web de la tele cuando voy a la página que era la del programa: borrado habría sido más conveniente, ¿no?)

Escribí a Antón para expresarle mi solidaridad, y para pedirle unas líneas a modo de epitafio…

Nunca se sabe lo que se pierde. No querría ser altanero ni mucho menos (el mundo nos dice a diario que nadie es imprescindible, y que siempre viene alguien capaz de hacerlo mucho mejor o de crear nuevos hábitos en los espectadores), pero creo que Borradores ha sido un programa pensado en los espectadores desde el minuto uno. Y su marcha era innecesaria, gratuita, poco meditada, es todo un síntoma de que no tenemos claro para que deben de servir las televisiones públicas. Era un programa barato para todos, intenso, apasionado, respetuoso y muy elaborado por un equipo que trabajó con mucha generosidad y pocos medios. Borradores lo hicieron cinco personas básicamente: una realizadora, Teresa Lázaro, una ayudante de realización, Yolanda Liesa, una redactora, Ana Catalá Roca, las distintas productoras, y yo, aunque contamos con muchas colaboraciones decisivas de edición y montaje. Yo creo que se pierden muchas cosas: se pierde una idea, un concepto, una aspiración a la totalidad, una apuesta específica indesmayable y una defensa permanente de la creación y de la cultura. 

Intentó ser siempre un programa sin complejos: desde Zaragoza y Aragón para los aragoneses y para el mundo. Era un programa a beneficio de inventario de la creación multidisciplinar con vocación de servicio público, con lo que eso quiere decir: era informativo., entretenido, tenía ritmo (o eso pretendimos) y fue, en muchos sentidos, una escuela de televisión y de periodismo culturales. Por él han pasado más de 2.000 personas: más 700 músicos, grabamos más de 500 temas en directo, y en ese sentido también fue un programa musical que dedicaba alrededor de quince minutos por programa a la música, a todas las músicas (pop y rock, música clásica, nuevas músicas, rap), hicimos alrededor de 750 entrevistas en plató y más de mil reportajes fuera.

Hicimos monográficos de Historia, de la Guerra Civil española, de fotografía en varias ocasiones, de cine (con Fernando Trueba, Víctor Erice, Rafael Azcona, David Trueba, Javier Rebollo, Carlos Iglesias, y muchos jóvenes realizadores aragoneses: Lamata, García Velilla, Paula Ortiz...), de literatura infantil y juvenil, de José Antonio Labordeta, de Joaquín Costa, de Félix Romeo, de Zaragoza...

Trabajamos el teatro, la fotografía, la narrativa, la poesía, el ensayo... El programa fue siempre un espejo de la creación, plural, abierto, atento a nuevos autores, a nuevos sellos, a fenómenos literarios o artísticos en general. La Comunidad se veía y se reconocía en el programa, y cuando venía un autor a Zaragoza, quería venir a Borradores.

Para nosotros ha sido tan importante tener a Virginia C. Olivares o Sergio del Molino, Cecilia de Val o Leticia Martínez, jóvenes autores de diversas disciplinas, que a Iñaki Gabilondo, Zubin Metha, Juanjo Millás, Rosa Montero, Lila Downs o Jane Birkin. Nuestro compromiso profundo y nuestro respeto han sido idénticos. Creo que era un programa con una atmósfera, con un clima de cariño, de complicidad, y ha sido siempre un programa leal a Aragón Televisión, al dinero público, no a una ideología ni a ningún partido político. Era un programa que creyó siempre en la democracia, en la convivencia, en la tolerancia y en el juego necesario de la política. Y era un programa que no se consideraba mejor que ninguno: le encantaba convivir con los otros, forjar su propio mundo y sentirse partícipe y complementario de una línea de programación.



Esta semana:

:: Secretos de un jugador profesional de póquer de torneos, de Jonathan Little (Alea Publicaciones).

:: Andaluces por la ciencia, de Miguel R. Aguilar Urbano (Centro Andaluz del Libro).

:: Científicos en el fin del mundo. El conocimiento de los polos como exploración, de Lorena Cabeza (Hélice).




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