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Evaristo Aguirre

Volver a Umbral

Miraba los estantes de esa librería especializada en relatos, Tres rosas amarillas, en Malasaña, y vi un volumen pequeño de Francisco Umbral, Balada de gamberros (Menoscuarto, 2009). Me lo llevé. Umbral murió en 2007 y su recuerdo parece que queda más lejos que eso. Puede que sea normal, pues su muerte cortó en seco casi cuarenta años de presencia en los periódicos con su artículo diario, de apariciones en la televisión y de asistencia a tantos actos mundanos. Estaba muy presente, incluso quienes no habían leído nada suyo ni lo harían nunca no solo le conocían sino que tenían una opinión formada sobre él. Hace algo más de un año, en un viaje en tren, un amigo leía La noche que llegué al café Gijón y un par de veces durante el trayecto se volvió a mí diciendo, “qué bueno es este tío” o “qué bien escribe”. Fue un articulista sobresaliente y un tipo cargante. Publicó libros excelentes (muchos) y otros (algunos) que le hubieras devuelto, por correo, con una nota pidiéndole que no te tomara el pelo, hombre.


Fue por ese recuerdo y por la curiosidad que me despertó el título, Balada de gamberros (es bueno), que me llevé el libro. Dice el propio Umbral en el prólogo, fechado en julio de 1980) que se trata de su primera novela, publicada en 1965. Y dice una cosa que me ha gustado y que aquí copio:


“Mediados los sesenta, esa década prodigiosa para tantos y para tanto, aún gravitaba sobre un germinal escritor español el socialrealismo de lustros, sólo contrarrestado por la lectura desodorante de Henry Miller y los beats, Kerouac, etc. Esas son las fuerzas encontradas que hay en Balada de gamberros: un intento de escritura en libertad, contenido, frustrado por el entorno castieño, madrileño, español, franquista, antifranquista, realista, socialrealista”.

Los gamberros viven en una ciudad mediana, una capital de provincias, quizá. Son eso, unos gamberros; lo que diez o quince años después serían los quinquis. Son unos adolescentes que totean con la delincuencia, que están abriendo los ojos al mundo desde una situación social que les limita mucho el horizonte. Son unos duritos a los que les falta un hervor, que quieren ser rebeldes. Contada con la voz de uno de ellos, esta novela de apenas un centenar de páginas presenta una historia que no tiene ni principio ni final, es como un reportaje de esos de la televisión en los que un equipo de grabación pasa unos días, o unas semanas, con alguien, luego montan las imágenes y las presentan.

eaguirre@divertinajes.com




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