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El mirón impaciente

Eduardo Nabal

Esa boca...


Melancolía viene empañada por las salidas de tono ganas de “provocar” de su ególatra realizador. No obstante, al ver este filme se podría decir que es precisamente la grandilocuencia lo que echa a perder las innegables virtudes de su trabajo: el esfuerzo de las dos actrices protagonistas (maravillosas en sus papeles a la vez complementarios y antagónicos), la cuidada iluminación tenebrista, la mezcla de realismo y poesía… lastrado  todo ello por un director que a veces parece un discípulo enfadado de Bergman y otras, un adolescente revoltoso jugando a ser Stanley Kubrick con sus propios dogmas. Melancolía tiene un esqueleto argumental demasiado endeble como para no provocar cierta irritación en el espectador poco amante del cine “intelectual” y del exceso de metáforas, obviedades, disquisiciones filosóficas de segunda  y diálogos ambiguos o altisonantes.

En los festivales se ha reconocido el trabajo de la joven Kirsten Durst encarnando a la depresiva Justine aunque Charlotte Gainsbourg como Claire (su aparentemente más realista y serena hermana) tampoco le va a la zaga, en un personaje mucho más contenido que aquel que interpretaba en la desmesurada e igualmente discutible Anticristo.

Estamos ante una apuesta que, como en muchos otros filmes de su realizador, irrita y fascina a partes iguales, sorprende  por su desparpajo pero nos aproxima a la vergüenza ajena cuando se acerca a los grandes discursos, el barroquismo gratuito y las pretensiones de genialidad.

Von Trier coquetea con el drama psicológico, el drama familiar  y el cine fantástico, pero la intención desesperada de hablar en voz alta incluyendo música clásica, imágenes de postal y gritando más alto que nadie desmerece de la calidad de sus trabajos y ensombrece la potencia de su aproximación a mentes atormentadas y a  situaciones que, irónicamente, se escapan de las manos de quienes las viven. Un filme, en resumen, de un realizador que aquí juega a, y pretende ser un, Visconti nórdico con algo más de mala uva, pero  solo  a ratos convence de que esta transmitiendo sentimientos crispados.




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