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El prado eléctrico

Fernando P. Fuenteamor

Incantation


Fue comenzar  a leer las primeras líneas de Reina Lucía (Impedimenta), de E. F. Benson, y empezar a resonar en mi mente la hermosa, cálida, inconfundible voz de Nuria Espert como narradora de la película  de  Scorsese  La edad de la Inocencia, basada en una obra de Edith Wharton —que era un complaciente, pero a la vez, acerado y caustico retrato de alta sociedad neoyorquina de 1870—.

¿Por qué esta asociación? Tal vez sea  debida más que a su similitud temática, a su parejo ritmo narrativo, y a la forma casi musical de introducirnos en la vida y el escenario de sus protagonistas ya que Riseholme, un pueblito de la campiña inglesa situado a cuatro horas en tren de Londres, el espacio donde  esta Reina Lucía ejerce su mandato, no es New York, claro; ni tampoco estamos en 1870, sino en 1920, pero, no creáis: los usos sociales no han cambiado demasiado.  

Las peripecias de la encantadora señora Enmeline Lucas --Lucía para los íntimos--, reina social de este rincón rural isabelino, son la quintaesencia de una forma de vida donde el cotilleo es un arte y una fórmula magistral para matar el tedio.de sus habitantes, que como en un jerarquizado hormiguero, cumplen sus tareas con absoluta entrega y devoción siguiendo los dictados de su “reina”.

Saga enormemente popular en el ámbito cultural anglosajón, las aventuras de la Reina Lucía ocupan seis volúmenes y con ella E.F.Benson, un estimable escritor del fantástico y del terror con algún relato modélico del género, logró en los últimos años de su vida un éxito sin precedentes más todos los reconocimientos de la crítica y el público. Este agridulce, caustico y mordaz retrato de la sociedad rural inglesa de principios del siglo pasado, que, con el tiempo, se ha convertido en un ejemplo  clásico de ese inimitable sentido british  del humor, está escrito con el cuidado y el mimo de un conocedor de primera mano que trata a sus criaturas con amor casi parental, pero que no deja de propinarles coscorrones y pellizcos en la intimidad en cuanto se descuidan.

Poblada de una pléyade de personajes adorables, excéntricos, a veces ridículos y otras sublimes, este parnaso donde Lucía ejerce su tiranía social y cultural --a pesar de ser una mujer ignorante que extrae todo su saber de la enciclopedia--, comienza a tambalearse cuando llega a sus dominios una famosa prima donna, Olga Bracely, dispuesta a arrebatarle su poder y sus súbditos con arteras mañas y saraos mejores que los suyos. Hasta su fiel Georgie, su compañero de piano, que se entretiene  limpiando su colección de bibelots y tapetitos en sus horas libres, parece decidido a abandonarla y pasarse a la enemiga.

Logrará nuestra diletante heroína recuperar el terreno perdido y recomponer su carismático poder entre sus convecinos?

Esa lucha y las artimañas que ponen en práctica ambas mujeres para reinar sobre esa vida complacida, indolente y frívola en la que gastan su existencia, le sirven a Benson para trenzar un encantamiento literario con el sabor de lo añejo, perfecto en la labor con los palillos y el hilo del que surge la filigrana de su encaje y en el que el lector se deja llevar con una sonrisa en los labios que, de vez en cuando, se convierte en liberadora carcajada ante lo absurdo de algunas situaciones en las que el humor destella con la potencia y densidad de un laser.

En resumen: una novela deliciosa que recomiendo absolutamente a cualquier lector amante de las british delicatesen y aún más a aquellos que no lo sean, por aquello del descubrimiento.




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