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El prado eléctrico

Fernando P. Fuenteamor

Una habitación im-propia


O, mejor dicho, cinco habitaciones que encierran el universo de cinco mujeres contemporáneas que no se conforman con vivir en ese espacio encapsulado en el que la vida, y no una decisión propia, las ha encerrado, creándoles un hábitat en el que desarrollar unas vidas prestadas, especie de jaulas abiertas de un imaginario terrario en el que ninguna de las cinco se resigna a vivir y del que  intentan, con mayor o menor fortuna, escapar.

Casi cien años después de que Virginia Wolf declarara que para la independencia de la mujer eran necesarias dos inapelables condiciones: quinientas libras de renta anual y una habitación propia, aún andamos dándole vueltas al mismo asunto de la emancipación femenina.

Según el balance que realiza Natalia Carrero en su último libro, Una habitación impropia (Caballo de Troya), no queda demasiado sitio para la esperanza. Sus protagonistas no buscan exclusivamente tener esa habitación propia sino, además, su sitio en el mundo, y para ello, se esfuerzan por salir de la trampa en que se encuentran buscando independencia y autonomía por distintos senderos en busca de un tiempo y lugar mejores que, intuyen, merecen.

Desde la madre y amante esposa, que busca en el sexo furtivo y el alcohol una forma de sublimar una existencia vacía e inútil cuando  lo único que desea es tener una voz propia escribiendo, a la que su cuerpo parece obstinarse en convertirla en madre a pesar de todos los medios que ella pone a la contra. O aquella otra que grita destemplada a su último hijo rodeada del lujo y las comodidades coloniales en la casa que ocupa junto a su marido en los alrededores de Nairobi, a las que o bien perdieron a la madre e intentan vivir según las reglas o a las que, directamente, mejor les hubiera ido no tener padres. Todas ellas, unas y otras, se rebelan contra los afectos y paternalismos impuestos y gritan en silencio o hasta desgañitarse por sus habitaciones impropias, un espacio donde vivir su existencia ficticia, un espacio en el que escribir sus sensaciones, porque todas ellas escriben aunque no se consideren escritoras y encuentran en ello su vía de escape o redención.

Natalia Carrero, que tuvo un esplendente debut con Soy una caja, prosigue su búsqueda del yo íntimo, aunque esta vez sus mujeres extienden su introspección mas allá de ellas mismas, a sus hijos, a sus maridos, a sus madres, sobre todo, con el fin de aprender más sobre ellas mismas.

Escrita con la delicadeza no exenta de crudeza y desvergüenza, cuando es necesario, que caracteriza la escritura de la autora, Habitaciones impropias  es un puñetazo directo al rostro del machismo y un grito de rebeldía claro y nítido como la prosa en que ésta escrito. Una novela de mujeres para mujeres y, también, para los hombres que las amamos.




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