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Viajar al óleo

Armando Cerra

Sitges y Rusiñol, historias paralelas


Museo Cau Ferrat, por Mónica Grimal

Santiago Rusiñol fue pintor, columnista, dramaturgo, animador-agitador cultural, burgués, catalán, cosmopolita, viajero, coleccionista, tuvo mil y una facetas, en ninguna alcanzó la excelencia, pero la unión de todas ellas y su carácter, hicieron que sea uno de los personajes más interesantes del fin del siglo XIX y uno de los emblemas del movimiento modernista, que como no podía ser de otro modo, tuvo su meca en un lugar como Sitges, una ciudad tan polifacética como el propio Rusiñol.

Para conocer a este artista lo mejor es acudir al Museu Cau Ferrat, en la zona más encantadora y antigua de Sitges. El museo y el paseo para llegar hasta él es la forma ideal para captar el carácter poliédrico del artista y de la propia ciudad.


"María Rusiñol en Cau Ferrat", de S. Rusiñol

Rusiñol, nacido en Barcelona en 1861, siempre se mostró orgulloso de su origen catalán, lo que no fue impedimento para múltiples viajes por España, Europa, e incluso Argentina, impregnándose en cada lugar de aquello que le parecía más interesante. Algo similar ocurre con Sitges, un destino habitual para visitantes de todo el mundo, conformando entre todos ellos una concentración cosmopolita pasada por el tamiz de rancias tradiciones catalanas.

Sitges, al igual que Rusiñol, también tiene ese punto de agitación cultural. Basta un paseo para ver las atrevidas y vanguardistas propuestas artísticas que esconden las muchas galerías de la población.

Pero si por algo es mundialmente conocido Sitges, es por otra agitación, la que hace décadas provocó la llegada de numerosos visitantes gays. Afortunadamente, hoy es un hecho consumado que no supone sorpresa alguna, salvo la que sale de la reflexión: ¡qué fácil es convivir respetando las libertades ajenas!

Si algo valoró Rusiñol fue su libertad personal. No dudó de joven en abandonar el próspero negocio textil familiar para dedicarse al arte. Y tampoco dudó en abandonar a su esposa e hija para irse a París y empaparse de las nuevas corrientes artísticas que surgían a finales del siglo XIX.

Pero llegó el día en que regresó a España, concretamente a Sitges y allí se volvió a reunir con su abnegada esposa, de la que ya no se separaría. La familia vivió durante largas temporadas en Cau Ferrat, y en una de esas estancias pintaría este cuadro de 1894, con su hija María escondiéndose entre el mobiliario de la vivienda.

Sin duda, Rusiñol ha contribuido al Sitges actual y es uno sus más queridos hijos adoptivos, que incluso tiene su propia escultura a escasos metros del museo, en la concurrida plaza de la Maringá.

Posiblemente a la población le hubiera gustado que el artista hubiera fallecido allí. Sin embargo, en 1931 murió en Aranjuez, con los pinceles en la mano mientras pintaba los famosos jardines, inmortalizados por sus lienzos y por las notas del concierto de Joaquín Rodrigo, pero eso será motivo de otro texto en alguno de los meses próximos.

Visita la web del autor: www.maletadevuelta.blogspot.com




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