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Errata

Evaristo Aguirre

Un inicio, cuatro propuestas

Con cuatro libros bien diferentes, pero igualmente merecedores de recomendación, inicia su colección de literatura la editorial Reino de Cordelia. Y los traigo aquí porque ellos lo valen, claro, y también porque viendo la selección, parece que estos de la editorial tienen un concepto de la literatura similar al que sustenta esta Errata: abierto de mollera; lo más variado posible; que intenta ser flexible y comprensivo con ciertas debilidades; que procura no ser talibán (pero si hay que serlo, se es, sin remisión); que busca una actitud alejada de la gravedad; que gusta igual de la excelencia y de la serie B…



Por ejemplo, Gente con clase, de Juan Lázaro, un breve anecdotario de la relación con sus alumnos extranjeros de este profesor de lengua y cultura españolas en la Universidad de Nebrija, en Madrid. Contada con humor, sorpresa y ternura, la cosa va desde las inevitables confusiones lingüísticas y gramaticales, hasta lo difícil que es entender algunas costumbres –el uso indiscriminado de chanclas playeras en pleno invierno madrileño, sin ir más lejos–, pasando por el puñetero abismo generacional, que tú te crees que no va contigo porque, aunque no lo seas, sientes que te comportas como un joven… pero la cuestión está ahí, que no eres joven, y lo que a ti te parece anteayer –el año 2000, pongamos por caso–, para unos alumnos de la universidad es casi la prehistoria. Este texto es también, o yo lo he leído un poco así, al menos, una reivindicación de lo fundamental de la educación y de lo necesarios que son los profesores y, cómo no, los alumnos. Y con lo que tenemos alrededor ahora, conviene no olvidar esto nunca.

En otro tiempo –1957, para ser exactos– pero con una actitud que no era de esa época, escribió el gran Edgar Neville una guía de viajes, Mi España particular. Es un texto escrito, al menos eso parece, sin dificultad; quizá en los bares de los hoteles que cita, tras una buena comida. Enorme vividor, Neville cuenta lo que hay que ver en España, lo que él cree que hay que visitar y pasear. Advierte de que datos exactos, los justos, que para eso hay otras guías más profesionales. Esto me recuerda a cuando Francisco Umbral ponía e sus artículos aquello de que no se iba a levantar a comprobar el dato (ay, la era pre-internet). Apetece, coger el libro y el coche –sí, Neville no habla de otro transporte en ningún momento, faltaría más; y se entiende si se piensa que hizo muchos de los kilómetros narrados en este libro montado en una Aston Martin descapotable comprado en Inglaterra–, pues eso que dan ganas de echarse a la carretera a comprobar lo que dice.



Y hay que ponerse algo más serio, para hablar del tercer título de esta entrega de Reino de Cordelia: La velada de Benicarló, de Manuel Azaña (con prólogo de Isabelo Herreros y José Esteban). En 1937, con los militares traidores comandados por Franco ganando posiciones, pero cuando el gobierno legítimo de España todavía no estaba acogotado del todo (aunque la situación ya pintaba muy mal), Azaña, decepcionado y pesimista, escribe este diálogo entre varios personajes que representaban lo que era y había sido la República. Analiza el desastre en sus filas, con unos queriendo hacer la revolución antes o al tiempo que intentaban resistirse a los ultramontanos sublevados; hablan de la imposibilidad de una paz real tras la guerra, ganase quien ganase, por el atávico revanchismo español; lamentan que unos se hayan cebado ciegamente con los curas y los otros con los maestros –¡glups!, atacar a los maestros… ¿a qué me recuerda esto?–.

Para terminar, Bug-Bicho, de uno de los mejores creadores de cómic españoles. Miguel Ángel Martín, diez historias sin palabras protagonizadas por extraños bichillos en extrañas circunstancias y ademanes –utilizar el adjetivo extraño hablando del universo estético y ético de Martín es casi redundante–, cerrado por un animalario inquietante.

eaguirre@divertinajes.com




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