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La ilusión imperfecta

Daniel Tubau

Los cuervos narrativos

danieltubau@gmail.com


¿Por qué los seres humanos preferimos la forma narrativa para entender el mundo en vez de la forma abstracta, la categorial (que ordena las cosas en categorías), la asociativa o la retórica (que elabora el discurso mediante demostraciones)?

Es una pregunta que hice en Medios calientes en la aldea global y para la que sugerí una posible respuesta en Las formas narrativas no narrativas: pudiera ser que la forma narrativa, es decir, la capacidad de imaginar cadenas de causas y efecto, fuera de gran importancia para la supervivencia del individuo o de la especie. Puse entonces el ejemplo del cazador que ve unas marcas en el suelo y piensa: «La última vez que vi unas marcas en el suelo como estas poco después una leona se comió a mi compañero Ug», así que se pone en guardia, saca su lanza y se anticipa al futuro. La forma narrativa, en efecto, nos permite entender el pasado y predecir el futuro. No es poca cosa, desde luego.


Según parece, son pocos los animales capaces de establecer largas cadenas de causa-efecto, del mismo modo que son pocos los ajedrecistas capaces de anticipar más de cuatro o cinco jugadas en un tablero de ajedrez: quienes lo hacen se convierten en grandes maestros. Me parece recordar que los animales que más destacan en esto de la narratividad son, por supuesto, los primates; los delfines, como todo el mundo sabe, y los cuervos, lo que no es tan conocido. En los últimos años, los cuervos están dando verdaderas sorpresas a los investigadores al revelar un comportamiento extremadamente inteligente. Se ha constatado que son capaces de usar herramientas, lo que es un signo de inteligencia y capacidad narrativa: “Si tuerzo este alambre podré alcanzar la cesta de comida y engancharla”. Dicho siguiendo un esquema de pasos narrativos como el de Smiley/ Thompson o el de John Truby:

Tengo un deseo u objetivo (la cesta de comida), pero hay un obstáculo o un enemigo (está tras una reja) y yo tengo un defecto o carencia (mi pico no llega hasta allí) pero tengo un aliado o arma (un alambre). Establezco mi plan de acción e intento alcanzar la cesta con el alambre, pero (nueva dificultad) el alambre llega a la cesta pero no me permite agarrarla. Así que  hago otro plan, doy un punto de giro a la situación torciendo el alambre y fabricando un gancho. Desenlace: ¡Ahora sí puedo llegar a la cesta de comida!
 

¿Demasiado complicado para un cuervo?

El lector puede comprobar que no si ve la aventura de la cuervo Betty: El gancho.

Si el lector quiere ver otro ejemplo de una sucesión de causa-efecto, también protagonizada por Betty, puede ver este vídeo: Betty y los rastrillos, en el que Betty comprende que para alcanzar su cesta de comida necesita alcanzar un rastrillo más largo usando su pequeño rastrillo y que luego, con ese segundo rastrillo, podrá alcanzar otro aún más largo, así hasta que disponga de un rastrillo que llegue hasta la cestilla de comida. Por otra parte, los naturalistas y los etólogos que estudian el comportamiento animal han descubierto que los cuervos se engañan unos a otros como si fueran verdaderos narradores y actores. Si cuando se disponen a esconder bajo tierra la comida que tienen en el pico descubren que otro cuervo les está vigilando, se dedican a escarbar en un lugar y fingir que depositan allí la comida, pero en realidad la guardan todavía en su pico y se la llevan  a otro lugar más protegido. Por su parte, el cuervo espectador, al sentirse descubierto, también disimula y finge estar ocupándose de otras cosas, por ejemplo de enterrar su propia comida, que en realidad no existe.

Así que los seres humanos no somos los únicos capaces de imaginar cadenas de causa-efecto, germen de la narrativa. Lo que no es tan seguro es que otros animales disfruten, no ya creando narrativa, sino presenciándola. Pero habrá tiempo para hablar de ello.


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www.danieltubau.com




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