Secciones:

Boletín de novedades

Reciba nuestro Divertín de manera regular y gratuita.
Su e-mail

¡Web seleccionada entre las mejores!

El mirón impaciente

Eduardo Nabal

La primera


Eva es la opera prima de Kike Maíllo, un director español que aparentemente ha hecho su película de espaldas al gran público, a Tintín y al cine español del momento. Estamos ante un cuento de ciencia ficción “adulto” protagonizado por una niña y por Álex, un científico desarraigado que vuelve a su lugar de origen en busca de respuestas, recuerdos  y amores perdidos. Álex está encarnado  por un magnifico Daniel Brühl en un papel muy lucido que deja en segundo plano a Marta Etura y a Alberto Amman e incluso a un delicioso Lluís Homar en un papel secundario insospechado. Solo el encanto y la fuerza expresiva (algo exagerada) de Claudia Vega —“la niña protagonista” que da título al filme— le roban a Brühl alguna secuencia.

Eva es, como La piel que habito de Almodóvar, una variación del cuento de Frankenstein pero aquí en clave tierna, cálida  y algo inocente con una mezcla de austeridad y efectos visuales, robots y seres humanos, candidez, ternura y pesimismo.

Presenta los mismos paisajes helados y la atmosfera triste de Déjame entrar y la misma confusión en el comportamiento infantil-adulto y el mismo tono a la vez onírico, algo pretencioso y afectado pero intimista y sensible, atento a la inteligencia del espectador.

Eva es una película con trampa y trampas, pero el refinado estilo visual, la dirección artística  y el esfuerzo del elenco lo salvan de la mediocridad y lo sitúan en aquellos filmes que nos devuelven la fe en un género tan maltratado como el cine fantástico y en la creatividad de los nuevos realizadores.

Entre los guionistas  aparecen nombres como el del dramaturgo Sergi Belbel (habitual colaborador del realizador catalán Ventura Pons) que añaden algo de acidez y sabiduría a los diálogos de un filme, tal vez, demasiado dominado por lo audiovisual, algo tentado por la cursilería.

La inteligencia e ironía  de los diálogos y el respeto con el que trata al espectador, a pesar de los efectos visuales y los robots que aparecen, hacen de “Eva” una disfrutable rareza que colma las expectativas visuales y narrativas de un espectador cada vez menos acostumbrado a los filmes donde el entrenamiento y la hondura no se dan, en absoluto, la espalda.

Eva es un misteriosos cuanto de hadas y robots, algo lastrado por la blandura y la necesidad de conquistar al público, pero que sobresale por su sensibilidad estética y su creatividad sobre gran parte del cine fantástico español de los últimos años.




Archivo histórico