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El prado eléctrico

Fernando P. Fuenteamor

El lenguaje como aventura


Aprovechando la magnífica exposición que el Reina Sofía de Madrid dedica  a uno de los dioses del panteón del surrealismo con el nombre de una de sus obras señeras Locus Solus  —y que recomiendo visitar por su extraordinario contenido  de pinturas, fotografías , textos , libros, videomontajes, objetos  que muestran la interrelación que existe entre texto e imagen, entre la palabra y el arte—, rescato de mi baúl particular un artículo que publiqué en el año 1978 en la revista Tiempo de Historia sobre Raymond Roussel que pienso puede ayudar a comprender su figura y el impacto que su obra tuvo en todas las corrientes artísticas de las vanguardias  especialmente en el surrealismo y el noveau roman  y que ha  seguido proyectando su sombra gigantesca  hasta la actualidad.

El 14 de julio de 1933, en el Grand Hotel des Palmes de Palermo, moría de una sobredosis —y no de suicidio como muchos han pretendido— y en un decorado estival que recordaba al de un de sus primeras obras La Vue (minuciosa descripción de un paisaje de verano encerrado en el mango de un portaplumas, donde ya se encontraban los mecanismos por los que se regiría su obra poética posterior) uno de los mayores enigmas literarios aparecidos en la literatura mundial después de Shakespeare. Obviamente hablo de Roussel.

Nacido el 20 de enero de 1877 en París, su obra —asimilada demasiado pronto por la crítica de la época al movimiento surrealista—  nos ofrece la fascinación de su estructura criptica, hermética que no se ofrece a cualquier persona que se atreva a adentrarse en su jungla literaria,  porque su comprensión total necesitaría un nuevo tipo de lector, que aún hoy en día, dudo que exista.

Pero, ¿quién era Raymond Roussel? Hijo de un potentado hombre de negocios francés, tuvo una infancia fácil, mundana; su vida de niño se desarrolló en un marco similar a la que Marcel Proust —más de una analogía liga la trayectoria vital de estos dos artistas— nos describió magistral y minuciosamente en El mundo de Guermantes .Se le enseñó canto, declamación e interpretación  y ya en el Conservatorio componía sus primeros versos a los  que más tarde pondría música. A los dieciocho años se sintió poseído por el demonio de la literatura —actividad artística que eclipsaría a todas las demás—, y un año más tarde, 1897, impulsado por “una necesidad de gloria universal” según su propia confesión escribió su primer grito de rebeldía: La Doublure, escrita en verso.

Tras una corta estancia en Suiza, y a sus veinte años, deja totalmente la vida social  recluyéndose  voluntariamente durante diez años más para  aprender y madurar un estilo que sería la génesis de esa obra verdaderamente nueva y ocultista que tanto fascinó a André Breton.

Hacia 1902 aparecieron Chiquenaude seguida de la ya citada La Vue en Le Gaulois du Dimanche. En ellas se encuentra en embrión toda la fascinación literaria y la ruptura violenta de formas que marcaría toda su obra posterior. En 1910,  Impressions d´Afrique , donde la maestría en el empleo del lenguaje provoca el vértigo gracias al empleo de unas figuras verbales totalmente caóticas .Esta novela inspirada en la devoción del autor por Julio Verne, al que consideraba el mejor escritor del mundo, representaba, sin embargo, un desafío suicida a la totalidad de las leyes de la novela de aventuras decimonónica de la que Verne era el máximo exponente. En ella Roussel prescinde de todo el entramado psicológico y demás aditamentos del género de aventuras y, por extensión, de la totalidad de la novela de fin de siglo, irrumpiendo en el panorama novelístico francés como un huracán que traía en sus vientos furiosos las imágenes terroríficas y dementes de la cosmogonía interior de su autor, donde el paisaje realista de la novela clásica desaparecía tomando su lugar el decorado atormentado de la psique devastadora del poeta.

A partir de ahí toda su obra se basará en esa tentativa de hacer retroceder los límites de las contingencias reales de un mundo que para él representa la encarnación de un fantasma que debe ser destruido. La vertiginosa exploración de las palabras —esa maravillosa aventura autista del lenguaje rouselliano— el juego incesante, mágico de eufonías y eponemas hacen de esta obra extraña e inclasificable la literatura oficial de un mundo habitado, exclusivamente, por su autor y unos pocos iniciados. Como apuntó Alain Robbe-Grillet en su ensayo Pour un Noveau Roman, donde hizo un análisis en profundidad de los componentes específicos y oníricos de la obra rouselliana  presentes en el noveau roman en tanto que esta sacrificaba cualquier tipo de verosimilitud o apariencia de realidad en beneficio de una exploración fantástica del universo escrito: el del lenguaje. Porque, en definitiva, lo que intentó el noveau roman no fue otra cosa que la de resolver por la forma los problemas que en la novela tradicional se acostumbraba a tratar por el fondo. Esquema que el propio Robbe-Grillet trasvasó al cine en aquella fascinante película que fue  y sigue siendo El año pasado en Mariembad.

En 1914 apareció la obra más accesible —y  por tanto más famosa— de Raymond Roussel Locus Solus. Esta vez el decorado de la narrativa está regido por la personalidad de un tal Martial Canterel, el cual nos servirá de guía a través de una sucesión de escenas  de brillante simbolismo. Nos encontramos ante una especie de feria de la locura descriptiva rousseliana, donde el autor juega con los arquetipos e imaginería de la novela tradicional; sometiéndolos a sus propias leyes, las de la fascinación del poeta, logrando de esta forma la unión de dos corrientes literarias opuestas.

Tras la publicación de Locus Solus (y su puesta en escena como anteriormente había hecho con Impressions d´Afrique). nuestro autor, considerado salvo excepciones por sus coetáneos como un millonario excéntrico, no dejo de escribir  y precisar las reglas de un juego a muerte con la literatura en un desmesurado desafío contra lo imposible.

En 1925, en el teatro de La Porte de Saint Martín, estrena una nueva obra, Poussière de Soleil, que constituyó, con sus anteriores intentos, un rotundo fracaso. Fue la época en que entró en contacto con el mundo de las drogas  probando las mas diversas y peligrosas.En 1932 apareció su póstuma Nouvelles Impressions d´ Afrique. Tras su muerte, su obra comenzó a ser considerada como una ficción sin parangón posible, digna de un genio en estado puro, en palabras de Jean Cocteau.

Ciento treinta años después de su nacimiento, tan sólo unos pocos iniciados en la aventura rousseliana son capaces de adentrarse en la jungla verbal del poeta. Jungla que asombra y fascina hasta grados insospechados. Roussel, el desconocido, vela esta vez desde el Reina Sofía, sobre su posteridad literaria.




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