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Errata

Evaristo Aguirre

Pues no estoy de acuerdo


A los tres días de terminar la lectura, larga, de Libertad, la tan comentada y aclamada novela del americano Jonathan Franzen (publicada por Salamandra, con traducción de Isabel Ferrer), me encuentro con un artículo en el periódico que habla mal del libro; no estoy de acuerdo con lo que allí se dice y voy a apostillar un par de cosillas. (El artículo es de Carlos Boyero, apareció en Babelia, y se puede ver aquí.)

Empieza quejándose de que, al parecer, se dice por ahí que HAY que leer esta novela. Mal asunto oponerse a ello por ese motivo (salvo que sea una cosa laboral y te vayan a pagar por escribir luego, claro). Es verdad que se le ha dado un bombo promocional tremendo al libro, pero desde un punto de vista de interés y de oportunidad informativos, había motivos: Franzen obtuvo un merecido éxito internacional con una novela anterior, Las correcciones; en estos años, se ha convertido en una voz a la que merece la pena atender cuando habla de literatura; el presidente de EE.UU. dijo que Libertad era una de las mejores novelas que había leído en mucho tiempo; las críticas en su país de origen fueron fundamentalmente favorables… Era de cajón que los medios españoles quisieran dedicarle su atención a la publicación de la traducción. De ahí a que sea obligatoria leerla para estar en la onda, hay un trecho. Apetecía leerla, eso sí.

Dice que tras 300 páginas (el tocho tiene 667) no ha sentido “la menor sensación de hipnosis, de degustación, de asombro, de implicación emocional”. Pues yo, según conocía a los personajes que Franzen pone a actuar, me fui identificando con ellos, no con uno en concreto y con todas sus facetas, sino con algunos de ellos y en diferentes momentos. El autor tiene una capacidad notable para entrar en los sentimientos, en las dudas y en las ocasionales certezas de sus criaturas y las expresa con una precisión y con un acierto que me han ganado. Hay muchas formas de hablar de las dudas de una persona ante dos posibles amores, por ejemplo, pues Franzen elige la mejor (bueno, una de las mejores). Si no has sentido nada de esto al cabo de 300 páginas… en fin, yo no hubiera seguido leyendo, porque no hay tanto tiempo para malgastar. Insiste un par de párrafos más abajo en que asiste “sin el menor interés hacia los enigmas íntimos de personalidades que los demás consideraban lineales, pero que su autor considera muy complejas y llenas de matices si te propones escarbar en su torturado fondo”. No entiendo muy bien la frase, la verdad, pero creo que va en la misma línea de lo dicho antes.

El reparto de actores de Libertad está al servicio de una interesante y vívida historia, incluso entretenida, que es el vehículo para presentar una visión del mundo contemporáneo, con una mirada aguda, razonada y razonable. Y está bien contada, con trucos literarios bien pensados y puestos en práctica

Otro de los problemas para el autor del artículo mencionado es eso de la “gran novela americana”. Pues hombre, una novela es, también americana y grande por ambición y por el resultado. Que sea las tres cosas a la vez o lo que esa expresión quiera significar, pues no lo sé; ni me importa. Creo que fue en una entrevista con Philip Roth donde leí, dicho por este gran escritor, que eso de la gran novela americana era poco menos que una bobada. Pues eso.

Andamos leyendo para disfrutar, para ser un poco mejores, para aprender, para ponernos en el lugar de otros, y Libertad puede servir para cumplir alguno de estos objetivos. Creo yo.


eaguirre@divertinajes.com




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