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Pantumaca

Sara Orúe

Crisis


Cómo pasa el tiempo. No nos habremos dado cuenta y ya estaremos en Navidad.

—Por todos los dioses, que susto sobri, apareces sin avisar…
—Sí, como un fantasma, no te digo.   Otro pro yanqui con espíritu jalouinero.
—No, no, nada de Halloween.  Digo que, después de meses de silencio, apareces sin avisar.

Ja, Tío Ra no desaprovecha oportunidad de reprocharme que no escriba con más frecuencia en esta nuestra web. Bueno, Tío Ra y la directora del cotarro, que para regalarme un viaje a París no, pero para esto, llamadita día sí, día también.

—Mira, Comotellames, o retomas la acción y vuelves a contar tonterías de esas que cuentas o te quito el espacio.

El espacio, el espacio… ¿qué espacio? ¿El interestelar?

—No, lista, el espacio intercostal de una guantada, que te estoy oyendo.

Uf, qué violencia. Y todo por  dejar de escribir unos días.


—Sobri…

Vale, unas semanas.

—SOBRI…

Está bien, está bien, casi 5 meses, llevo casi 5 meses sin escribir. Pero ¿qué son 5 meses en toda una vida?

—Pues según como se mire una eternidad. Imagina 5 meses sin nómina, sin comer, sin hacer fiesta, sin ir al cine, sin sexo…
—Alguna de esas cosas las conozco, no necesito imaginarlas.
—Mira tú qué paradoja, ahora soy yo el que está imaginando. Imaginando qué cosas son las que llevas 5 meses sin hacer…
—Comer no.
—¿Estás insinuando que he engordado?
—No. Es que llevas restos de Pan Bimbo con Nocilla en la comisura de los labios.
—Malaje.


Estoy en crisis. Eso es lo que me pasa.

—Tú y el mundo entero.
—Ni siquiera en esto soy original. Mi vida está vacía.
—De sentido común. Pero no es de ahora, siempre fue así.
—Jopelines, no estoy bromeando.
—Sí, ya lo veo… jopetas...
—¿Lo ves? Ni tú me tomas en serio.
—Ni en serio ni en sirio. Estás muy rarita…. ¿te has tomado la pastilla del colesterol?
—Tengo la crisis de los 40.
—¿A tu edad? Vamos hombre, no me hagas reír. Será que ves venir la de los 50.
—Estoy cansada…
—No me extraña, con los tacones que me llevas desde el punto de la mañana, criatura
—… y tengo crisis de ideas
—¡Acabáramos! Que no escribes porque no sabes de qué escribir. Eso no es nuevo
—Es que ya nada me hace tanta gracia.
—Sobri, que me estoy preocupando. Con todas las cosas risibles que han sucedido estos meses y tú no encuentras de qué hacer mofa…
—Eso es.
—¿Viste las tiriticas en los pies de la duquesa de Alba el día de su boda?
—Las vi.
—¿Leíste que Maruja Limón coincidió con la Infanta haciendo la compra… y no precisamente en Loewe?
—Lo leí.
—¿Has oído el último disco de Maná?
—Lo he sufri…oído.
—¿Estás al corriente de las últimas sentencias del juez del Olmo?
—Lo estoy, aunque me gustaría no estarlo.
—¿Y nada de eso te ha inspirado para echar unas risas?
—No lo suficiente.
—Sobri, me estás preocupando. No es un problema de inspiración, está claro.
—Pues no, porque lo que pasa en el mundo da para llorar a moco tendido o para partirse el pecho. O para ambas cosas a la vez, que de todo hay.
—¡Lo tengo! Es sencillo, estás desentrenada. Dejaste de escribir por perezosa y, ahora, no sabes cómo volver… por perezosa. Lo que tienes que hacer es ponerte
—¿Tú crees?
—No lo creo, lo sé. Venga, venga, ¿Qué haces ahí parada? Manos al teclado
—Bueno,  bueno, sin avasallar. Que digo yo que hoy mando esto así y, si eso, ya la semana que viene me pongo en serio… a hacer bromas.




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