Secciones:

Boletín de novedades

Reciba nuestro Divertín de manera regular y gratuita.
Su e-mail

¡Web seleccionada entre las mejores!

Viajar al óleo

Armando Cerra

Dos vistazos de Zaragoza

Estas dos imágenes valen más que los cientos de palabras que vienen a continuación.


"Vista de Zaragoza", de Mazo (1647)

En ambas la protagonista es Zaragoza con alguno de sus emblemas y constantes históricas: el Ebro, el Pilar, el Puente de Piedra


"Vista de Zaragoza", de Mónica Grimal (2011)

La primera, de 1647, salió de los pinceles de Juan Bautista del Mazo y cuelga en el Museo del Prado. La segunda es una foto de ayer, como quién dice, o sea que se contempla cualquier día desde las riberas del río. Los siglos de distancia invitan a compararlas, topándose de golpe con lo distinto y buscando paralelismos, que los hay.

Por ejemplo, en la Vista de Zaragoza de Mazo hay gentes gozando de la ribera del río viendo como las barcas navegan por el cauce. Mientras que en la Vista de 2011, se aprecia que Zaragoza vuelve a mirar al Ebro, tras décadas en las que le dio la espalda, descuidando un espacio urbano que está en el propio origen de la ciudad. Incluso, hoy el Ebro vuelve a ser navegable con taxis acuáticos, lástima que encallen un día sin otro.

En cuanto al Puente de Piedra, hoy en día es transitable, no como en 1647, ya que las arcadas centrales fueron arrastradas cuatro años por una brutal riada. Pero hay más diferencias. Hoy no se conservan los dos torreones medievales que hubo sobre el puente y que servían de estación de peaje. Y para los detallistas, al contar las arcadas del puente, sorprende comprobar que hoy hay una menos, si bien se conserva enterrada bajo el asfalto del Paseo Echegaray y Caballero que recorre la orilla derecha.

Así pues, Juan Bautista del Mazo tuvo que cruzar el río, no por el Puente de Piedra sino por el Puente de Tablas que se observa aguas abajo. De este puente nada queda ya, y su lugar lo ocupa el Puente de Hierro tendido en el XIX, en el único material que quedaba para nombrar a un puente.

Y qué decir del perfil de la ciudad (skyline, para los snobs). Algunas torres aún no se han levantado en el XVII, como las cuatro del Pilar o el campanario barroco de La Seo. Como tampoco se ve la pequeña torre de San Juan de los Panetes, que desde su construcción en 1725 vive en peligroso equilibrio, amenazando siempre con caerse.

En cambio, en 1647 se distinguen los volúmenes mudéjares del cimborrio de la Catedral o la estilizada torre de San Pablo en el barrio de El Gancho. También durante aquel año estaba la Torre Nueva, según las crónicas la más hermosa de las 20 torres mudéjares de la urbe, pero que acabó derribada por orden de un cabildo maño decimonónico.

Tanto en el lienzo como en la foto se reconoce la Lonja renacentista y el Palacio Arzobispal, hoy reconvertido parcialmente en Museo Diocesano que ha abierto sus puertas este mismo año 2011.

A quién conozca Zaragoza, todo este listado de nombres y monumentos le resultarán familiares, y si está lejos piense en volver a la capital maña. Y a quién no conozca la ciudad, sirvan estas dos postales para escaparse hasta Zaragoza y echarle su propio vistazo a la ciudad.

Visita la web del autor: www.maletadevuelta.blogspot.com




Archivo histórico