Secciones:

Boletín de novedades

Reciba nuestro Divertín de manera regular y gratuita.
Su e-mail

¡Web seleccionada entre las mejores!

El prado eléctrico

Fernando P. Fuenteamor

Música de viento alucinada


He aquí la crónica de una novela rotunda y lograda que retrata con implacable lucidez el devenir diario de un hippy atrabiliario, Horse Badorties, que sobrevive en cubiles  del East End neoyorkino en los primeros setenta del pasado siglo. Su título: El hombre ventilador (Capitán Swing) del escritor americano William Kotzwinkle.

Poco o nada puede decirle el nombre de este autor al lector medio español que vagabundea su mirada por las mesas de novedades de las librerías, pero Kotzwinkle  es un hombre con un extenso currículo literario a sus espaldas y que ha transitado  por muy diversos caminos que van desde la novelización de guiones, como el caso de E.T. —de la cual escribió  a continuación una secuela altamente tenebrosa titulada The Green Planet, a la literatura infantil, que  ha sido la que le ha hecho famoso mundialmente a nivel de público, con su personaje Walter, the Farting Dog (Walter, el perro pedorrero)  dibujado por  Audrey Colman, que se ha convertido en  un éxito inesperado en todo el planeta. También se ha atrevido con la fantasía y la ciencia-ficción, y mantiene una reputada fama entre el fandom americano de los últimos treinta años  que lo considera uno de sus ídolos a la altura de los maestros P. K. Dick o Kurt Vonnegut y a despecho del ninguneo a que los media culturales han relegado  su obra considerada por estos como de segunda clase.

Para curiosos, aún se pueden encontrar dos títulos de Kotzwinkle, en las librerías españolas: el primero, editado por Alianza, se titula El proyecto Ánfora, y el segundo, editado por Tusquets, El exiliado, una extraordinaria y alucinatoria novela en la estela del nunca suficientemente ponderado P. K. Dick sobre un desdoblamiento de personalidad y los difuminados límites de lo que conocemos por realidad. Pero la novela que lo eleva al podio de la contracultura y a la altura de autores de la trayectoria de Williams Burroughs, Ginsberg o Kerouac es El hombre ventilador, publicada en el año 1974 y que continúa siendo una novela referencial  y redonda sobre un “quedado” de aquel famoso Love Summer que en la década anterior había sido la culminación del movimiento  hippy en los Estados Unidos.

La novela narra el peregrinaje alucinado y lisérgico de Horse Badorties, nuestro desfasado y pasado de vueltas anti-héroe, que recorre las calles de Nueva York vendiendo a quien se deja ventiladores de pilas mientras prepara un concierto coral, el Love Concert, en elTompkins Square que según él será algo grandioso: una forma nueva y completa de entender la música  acompañada del el sonido primigenio que producen los ventiladores.

El gran logro de la novela es convertir al lector en testigo de una experiencia verdadera contada bajo la óptica desenfocada de la mente del protagonista. En la novela aparece una  realidad y un tiempo medibles y existen otros  alterados, que son el espacio-tiempo donde habita Horse. Que ambas se solapen y el lector no se pierda nunca es el gran mérito de la escritura de Kotzwinkle, que establece una meritoria comunicación entre el lector y la materia narrativa gracias al lugar que ocupa la voz del narrador utilizando un largo monólogo desdoblado en el que el protagonista se habla y se contesta a sí mismo con el fin de lograr tener una idea  lo más cercana posible de lo que está sucediendo a su alrededor.

Tras casi doscientas páginas donde hemos acompañado a Horse por ese submundo que era en aquellos años el Lower East Side, nuestro conocimiento sobre él ha cambiado radicalmente y el rechazo que sentíamos al principio por esa vida rodeada de suciedad y detritus, por su vida y sus acciones, por su alucinado devenir entre la calle y sus cubiles donde amontona mierda y partituras dejándose  arrastrar por una libido exacerbada que le lleva a  tirarse  a toda adolescente que se cruza en su camino, se troca primero en lástima, luego en comprensión y finalmente en simpatía por este ser, hasta cierto punto entrañable, va a su bola y en realidad no hace mal a nadie practicando al pie de la letra aquello de “vive y deja vivir”. El estabilizador moral de la historia es, en palabras de Vonnegut, como los averiados cacharros que Badorties compra caóticamente para futuros usos descabellados. Es lo que piensa de sí mismo cuando está paralizado por las drogas y por una soledad e incompetencia absolutamente terminales.

Una líneas más para celebrar la excelente presentación de la edición española, enriquecida con unos excelentes dibujos de Marieta Moraleda y una esclarecedora  introducción de Antonio Jimenez Morato.También incluye la introducción que Kurt Vonnegut escribió para celebrar los veinte años de la novela.




Archivo histórico