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Errata

Evaristo Aguirre

Amor por los jóvenes

¿Dónde está la diferencia –más allá de la evidentísima, claro– entre el relato de una vida real y una novela que retrata una peripecia vital inventada? Ambas ofrecen –al menos deberían– una mirada al mundo, un punto de vista. El novelista inventa, sí, pero a partir de experiencias, de una reflexión, de la observación. Cuántas veces hemos leído novelas que nos han dado material mucho mejor sobre la realidad que las opiniones o comentarios de personas reales, por ejemplo.

Y si se trata de asuntos oscuros, ¿leemos de distinta manera las memorias de un etarra que la narración en primera persona del nazi protagonista de Las benévolas de Jonathan Littell?  


El poeta andaluz Juan Bernier (1911-1989) escribió unos diarios entre los años 1918 y 1947. El primero de sus cuatro libros de poesía (poesía que Pre-Textos ha publicado completa hace unos meses) vio la luz en 1948; quizá por eso no hay referencia alguna a su pulsión literaria en las páginas de su Diario, que con edición de Juan Antonio Bernier ha publicado la misma editorial.

Las memorias o diarios de escritores suelen detenerse (a veces demasiado, es cierto) en el origen de su interés por la literatura, en sus lecturas, en sus escarceos con la escritura, en sus éxitos (cuando los ha habido)… Aquí, no. Porque sabemos que Bernier fue poeta… pues él no alude a esta faceta de su vida; sí a la vida intelectual –escasa– en la Andalucía de los años cuarenta, sí a sus amigos poetas y pintores, pero no a su tarea de escritor.

En el Diario está su infancia y la Guerra Civil, muy bien presentada, una guerra en la que participó en el bando rebelde aunque, como se ve después, sus ideas políticas eran más la de un liberal (no en el sentido económico, ojo).

El grueso del Diario se centra en los encuentros sexuales de Bernier con jovencitos, en el relato de su sexualidad, centrada en la adoración de la belleza púber. Un par de veces, parece que plantea alguna duda sobre lo adecuado de sus preferencias, pero no va más allá, su vida, al menos los años de su vida tratados en estas páginas, giró alrededor de sus conquistas, de sus amantes ocasionales y de los que repetían y de los rechazos; también de tener que ocultarse y del funcionamiento de ese ambiente.

¿Si el protagonista de este Diario fuera un personaje inventado por el autor, si las descripciones de las situaciones procedieran de la observación y de la imaginación de ese autor, si estuviéramos, en fin, ante una novela sobre la pedofilia en una pequeña ciudad provinciana en lo más oscuro de la posguerra franquista, leeríamos esta obra de otra manera?

El Diario de Juan Bernier es un gran texto, por su singularidad, por su valor literario, por su valor testimonial. Pero a veces, ese interés permanente de un hombre de veinte años, luego un treintañero, por los adolescentes incomoda. Cosas de la mentalidad de estos tiempos en los que vivimos, seguro, pues es pedofilia (que se refiera a la atracción), no pederastia (lo que implica abuso); amor por los jóvenes. Por eso, en algún momento de la lectura, pensé que si se tratara de una novela, a lo mejor ciertos reparos se diluían.

eaguirre@divertinajes.com




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