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El prado eléctrico

Fernando P. Fuenteamor

Dentera adolescente


La dibujante argentina Maitena Burundarena es sobradamente conocida por el gran público gracias a sus tiras sobre mujeres en diferentes fases de su devenir cotidiano. Estas mujeres podían estar alteradas, superadas o tener  curvas peligrosas, pero todas ellas eran arquetipos reconocibles de la mujer de hoy en día y de su problemática cotidiana  en la vida social, de pareja, o de trabajo. Todo visto con un humor personal, vitriólico, que nos divirtió y nos hizo recapacitar sobre la cantidad de clichés que manejamos y seguiremos manejando sobre el llamado “universo femenino”.

Pero un día Maitena decidió guardar sus lápices en el plumier, pasar a otra cosa y, por el camino, recuperar su apellido: “No me siento más la persona que escribió Mujeres alteradas. Sentí que el lenguaje de las historietas estaba agotado para mí, y la idea de la novela surge como un desafío de crear algo distinto”, explicó hace poco en una entrevista. De esta necesidad de transitar otros caminos  creativos, y después de cinco años de silencio y gestación nació Rumble (Lumen). 

¿Qué significado tiene esta palabra? La adolescente protagonista de la novela la describe más o menos así: “En las historietas gráficas, rumble es el sonido de la tierra vibrando bajo los pies, cuando caen las rocas por una ladera o está a punto  de explotar un volcán, y se escribe en letras rojas con los bordes en sierra, pero nosotros la usamos para describir esa sensación  que te frunce toda adentro  del cuerpo y tenés que apretar los labios y mordértelos para que no se te caigan los dientes”. Se refiere obviamente a lo que todos conocemos como dentera.

Ella acaba de cumplir doce años. Es hija de una familia numerosa, católica y de derechas y con ancestros vascos y lituanos, que vive en Bellavista, un barrio acomodado de Buenos Aires. Su única pulsión consiste en escapar del ambiente opresivo de la casa y el colegio y descubrir con sus amigos  la vida de la calle.

Burundarena levanta el modelo perfecto de la preadolescente desorientada y solitaria situada, esta vez, en un periodo turbulento de la historia reciente Argentina que va desde la muerte de Perón al advenimiento de la dictadura militar de Videla y la consecución del mundial de futbol. El panorama en la casa familiar no es mejor que el del exterior y guarda el precario equilibrio  de  “normalidad”  de muchas otras familias de la clase media-alta argentina en aquella época.

La madre (a la que suele referirse como la loca o la lituana) es una alcohólica adicta al valium, insatisfecha y con ganas de que toda su prole desaparezca para poder vivir en paz sus  adicciones y delirios. El padre, un escapista de la realidad, católico y racista en el sentido que sólo lo puede ser un vasco, se escaquea de la casa y las obligaciones familiares gracias a un trabajo universitario que le obliga a viajar constantemente. En cuanto a los hermanos, de todas las edades y condiciones, la ningunean constantemente, cuando no la maltratan físicamente.

En este desolador paisaje familiar y social,  ella intenta sobrevivir inventándose sus propias reglas de juego, pero las más de las veces la vida le va a la contra y la obliga a superar pruebas que la desbordan. Recorriendo un Buenos Aires  inmerso en obras faraónicas, que no logran ocultar los cadáveres de la dictadura, la aventura de nuestra anti-heroína, narrada por ella misma, con esa  mezcla perfecta de ingenuidad y sarcasmo de la que sólo son capaces los adolescentes, avanza mientras en el camino va descubriendo la amistad, el sexo, la traición, la religión, la muerte. Y mientras todo se desmorona a su alrededor ella se erige en un personaje más a la deriva en busca de un destino inexistente.

Puede que al lector español, en las primeras páginas, le cueste un poco entrar en la historia sórdida y desesperanzada que propone Maitena Burundarena   debido a la sensación de extrañeza que puede producirle el uso de un castellano distinto en cadencia, giros y sintaxis al que está acostumbrado; pero una vez superado el obstáculo —lo mismo sucede en los quince primeros minutos de la visión de una película argentina—  la prosa aquilatada  y cuidadosamente elegida de la autora, su maestría para enlazar hermosas metáforas y la progresión geométrica de su desarrollo, convierten su lectura  en uno de los mayores placeres que me ha procurado una novela en estos últimos meses.




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