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El mirón impaciente

Eduardo Nabal

Pesadilla de mal gusto


Cómo acabar con tu jefe (nada que ver con Como eliminar a tu jefe) es una comedia negra que convierte en su gran baza la “incorrección política”, algo que puede ser una virtud si va acompañada de acidez e inteligencia, o un lastre si, como en este caso, es un mero recurso de comedieta de segunda  sin un guión digerible.

Así, los personajes codiciosos en apuros con un pie en el desempleo o en el triunfo, los neoconservadores, las intrigas sentimentales  y los atribulados varones y mujeres de “Horrible Bosses” están retratados con demasiada zafiedad para resultar mínimamente simpáticos al espectador, y la historia, a pesar de su montaje ágil y su lujoso elenco, se nos antoja previsible y carente de credibilidad.

Frente a películas independientes de mayor empaque  como The Company Men, Win Win o Los locos de Hollywood, la película de Seth Gordon parece una versión adulta de American Pie, lo que no quiere decir madura sino situada en el mundo de los negocios y los trabajos oficinescos donde una odontóloga despampanante (insípida Jennifer Anniston) acosa a su empleado, mientras que el hijo del jefe de una gran empresa (encarnado por un irreconocible y algo absurdo Colin Farell)  busca huir con el capital del negocio y el mandamás del cotarro (interpretado  por el siempre brillante Kevin Spacey) se limita a hacerse cada vez más odioso al espectador y a sus subordinados quienes, a su vez, luchan entre sí por ascender en la escala social.

Cómo acabar con tu jefe es, pues, una sátira del “sueño americano” convertido en “pesadilla de mal gusto” y, a pesar de la habilidad para no aburrir al espectador y cruzar con ingenio y vitriolo las vidas desastrosas de los diferentes personajes del filme, deja una impresión bastante pobre, al atacar la avaricia, la ambición y la falta de escrúpulos desde el chiste fácil y el lenguaje procaz, lo que no es en sí mismo una virtud si no hay nada interesante que decir por  boca de tantos personajes irritantes e irritables. El filme se salda con una sucesión de situaciones chocantes o banales hilvanadas por un director con cierto talento narrativo, pero escaso de recursos realmente originales y sin una chispa de emoción o de ideas que tengan verdadero sentido para el espectador mínimamente preparado.




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