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Círculo de iluminación

Eva Orúe

Contar el mundo

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Escritores periodistas o viceversa

Creo que fue González Ruano el que, preguntado sobre su profesión, dijo: «Soy escritor y periodistas. Si es que ambas cosas no son lo mismo». No sé si lo eran entonces por definición, ni sé si deberían serlo, pero me consta que cada día hay más periodistas que se dedican a la ficción.

(Si quieren saber más sobre esta dualidad, pinchen aquí.)

(Y no me sean maliciosos, porque no me refiero a lo que escriben cada día en sus periódicos o cuentan en sus teles, radios o medios digitales.)


No me voy a extender mucho sobre la nómina, tan amplia, de quienes ejercieron o ejercen ambas profesiones a la vez (y no están locos), basta con que tecleen en Google “escritor + periodista”. Aunque en esa lista larga de resultados faltan nombres, claro. Por ejemplo, este: Gabriela Cañas, periodista de El País, que se estrena como novelista con Torres de Fuego (Roca editorial).

La pregunta es ¿por qué? «En realidad no soy una periodista que se haya pasado a la novela. Yo ya escribía novelas con diez años. Escribir forma parte de mi vida y el periodismo me da, en este sentido, una gran oportunidad para escribir de continuo. Con el tiempo y a través de la lectura de ficción he comprendido, además, que la novela es también una magnífica herramienta para contar el mundo. El oficio periodístico no está, por tanto, tan distante del oficio de escritor. La gran ventaja de la ficción es que te permite ser mucho más libre y creativa. De la misma manera, se puede profundizar más en la psicología de los personajes. Todo eso me encanta.»

Sigue así el camino de otras ilustres del diario (Rosa Montero, Maruja Torres…) que dieron el salto. Y no va a ser la última: muy pronto otra mujer, periodista y de El País, dará el salto.

Resistir es ganar (o eso dicen)


CEGAL presentó esta semana, y en el marco de Liber (sí, la Feria esa a la que el camdidato Rubalcaba acudió para saber a quúe huelen los libros y de la que se fue con un ejemplar de Tiempos difíciles, de Dickens, bajo el brazo), los resultados de la 11ª edición del Sistema de Indicadores Estadísticos y de Gestión de la Librería en España 2011, que concluye que en 2010 se produjo una estabilización, ligeramente a la baja, del crecimiento en ventas generales y en ventas de libros, registrado durante el año 2009.

Los medios de comunicación sacaron sus propias conclusiones: «Las librerías resisten pese a la crisis y los 'e-books'», tituló El Mundo citando a Efe. «Las librerías españolas están resistiendo la crisis mejor que otros sectores de la economía, aunque sus ventas medias de libros descendieron de los 630.181 euros de 2009 a los 590.951 euros de 2010, es decir, un 6,2%.»

Que no sé yo si la caída de ventas se compadece bien con el concepto «resistencia». Ni si podemos seguir asegurando que «las librerías españolas están resistiendo la crisis mejor que otros sectores de la economía» a no ser, claro, que las comparemos con la construcción.

(Aunque hace unos días en La Vanguardia sacaban conclusiones similares. Y los libreros consultados para elaborar ese artículo no parecían pesimistas.)

Por no hablar de quienes, a la vista de lo que se les venía encima, decidieron mutar y protagonizan ese fenómeno que se extiende (y no hablo, claro, de las librerías grandes, ni de las ubicadas en grandes superficies multiventas), que es el de la librería-que-además-es-otra-cosa. Vinoteca, por ejemplo. Porque los amantes de (vender) los libros saben que vivir sólo de ellos es, cada día que pasa, un poco más difícil.

La imaginación al poder

Porque, en eso estamos todos de acuerdo, no hay que rendirse. Y conviene reinventarse.

Esta semana hemos tenido dos ejemplos:


1.- Librosinlibro.es se presentó esta semana con la firme vocación de combatir (cito la información aparecida en El País) las causas del retraso del mercado del libro electrónico en España: «la escasa oferta de contenidos, su alto precio y las dificultades técnicas que conllevan las descargas legales».


2.- Sigueleyendo ha pedido a medio centenar de autores que reescriban los cuentos infantiles tradicionales, que los reinterpreten en una versión para adultos (la crueldad y la ferocidad que esos lectores añosos pueden soportar ya está en los cuentos infantiles).  A la colección resultante, que es exclusivamente digital,­­ la han llamado COLECCIÓN DE BICHOS. Precio: 1 euro el ejemplar.

Con Fernández Mallo, o contra Kodama

Los escritores se movilizan, no entienden por qué la viuda de Borges la ha emprendido contra El hacedor (de Borges), Remake y manifiestan su descontento en una carta.

A mí me sigue sorprendiendo un fragmento de la carta en la que Alfaguara anunciaba su decisión de sacar la novela de las librerías: «Por un lado está el alegato jurídico, ante el cual nos mostramos respetuosos y dispuestos a ofrecer pruebas incontrovertibles de buena voluntad.Atendiendo los reclamos de María Kodama, hemos decidido retirar voluntariamente el libro del comercio». Supongo que las palabras clave son María y Kodama. Y, en el fondo, Borges. Si el autor y su viuda hubieran sido otros, el libro (que, no lo olvidemos, llevaba meses a la venta) estaría hoy a disposición de todos, y no habría acabado convertido en un objeto de colección.

Una puntualización

La que Martínez Sarrión quiso hacer tras la reseña de un libro de Valente.



En el Escaparate de esta semana:

:: Ilíada. Cantos I y II, de Homero (Reino de Cordelia).

:: El testamento de amor de Patricio Julve, de Antón Castro (Xordica editorial).

:: Bug (Bicho), de Miguel Ángel Martín (Reino de Cordelia).

:: Consiga más. Negociar y alcanzar sus objetivos, en el trabajo y en la vida, de Stuart Diamond (Conecta).

:: Trescientos días de sol, de Ismael Grasa (Xordica editorial).

:: El año que murió Machín, de Álvaro Lion-Depetre (Rey Lear).




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