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El prado eléctrico

Fernando P. Fuenteamor

"Interior", una crónica del autoexilio


Desconocido fuera de las fronteras de su país de origen, Rumania, Constantin Fântâneru (1907-1975) consiguió, con una sola novela publicada en 1932, convertirse en una de las glorias literarias rumanas. Después  de diez años de éxito en el panorama cultural de Bucarest, en 1942 una profunda depresión le hizo abandonar su vida anterior y sumergirse en una existencia  anodina y oscura sobreviviendo de dar clases particulares en una polvorienta y olvidada ciudad de provincias. Volvió a reaparecer en los setenta, unos pocos años antes de su muerte, y dejó escrito un poemario y varias obras de teatro que están a años luz del genio que afloró en aquella primera novela.

La editorial El Nadir nos presenta ahora, y demostrando con ello una enorme  sensibilidad literaria y un amor al riesgo encomiable, la traducción española de  Interior, ofreciéndonos la ocasión de descubrir el alucinado y alucinatorio devenir de su protagonista, Calin Adam, en su particular descenso a los infiernos por las calles Bucarest.

¿Pero qué tiene de especial este personaje para que  al lector actual  le interese el relato de sus desdichas y alegrías diarias? Es bastante fácil de adivinar: es un arquetipo  universal  y atemporal a la vez: un joven en paro, desequilibrado y de sensibilidad extrema que es capaz de transitar del optimismo extremo a la desestimación absoluta de sí mismo y todo lo que le rodea en el tiempo que tarda en doblar la esquina de una desolada calle de capital que habita. Vive una época de crisis personal y social que él intenta capear de la única manera que sabe: sobreviviendo a través de las palabras; componiendo una novela sin género y que los abarca todos, reflexiva y  acusatoria a la vez, y que se sirve de la supra realidad para propiciar el absurdo. Me cuesta trabajo, de verdad, pensar que la novela fue escrita hace ya ochenta años pues respira actualidad por todas sus líneas, lo que confirma la excelencia literaria de su autor a la que no es ajena la puesta al día y la depurada traducción castellana, plena de aciertos, realizada por Rafael Pisot y Cristina Sava.

Con una prosa con ecos  de Rimbaud y Gide por citar dos ilustres y esclarecedores  ejemplos─ Fântâneru nos muestra su exacerbado lirismo a través de unas imágenes surrealistamente fragmentadas de un mundo que no entiende y desprecia y que le hace decir:

«Cuando camino sobre la faz de la tierra, la golpeo furiosamente con el pie. Me gustaría gritar a los cuatro vientos  que desprecio a la gente, que nada me importa y que por mí puede irse al diablo toda esta comedia de arlequines. Todos a la vez.»

Su rabia es evidente, su marginalidad asumida, y es enternecedor ser espectador de cómo libra una batalla perdida entre su displicencia por los demás y su necesidad de ser aceptado por ellos. Loco para unos, lúcido para los menos, en su deambular diario sólo parece entenderse con las cosas, los animales, los niños y otros marginados. Su trato con las mujeres es otro capítulo humillante de su vida: se ve incapaz de llegar a su altura; y, por otro lado, jamás ninguna de ellas se fijó ni unos breves segundos en su persona. Aún así es capaz  de materializar a través de un sueño la esencia del amor verdadero que en la realidad parece estarle vetado.

Interior es una densa, a ratos fascinante, novela corta sobre la incapacidad de comunicarse con los demás y de la dificultad que entraña descifrar las emociones que nos rodean y, más que nada, el relato de una huída suicida hacia adelante en busca de la negación del propio yo.




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