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Alicia en la realidad

Adriana Davidova

Traición

No quemes la carta...

Algún día te arrepentirás de haberte quedado sin piezas con las que montar el puzle de tu propia vida.


Entre algo que abruma y algo que quema... así es el sentimiento de traición cuando envuelve la piel de quien así se siente; traicionado.
La traición no se puede medir, ni su modo de afectar puede ser objetivo. Ya que para sentirse traicionado, previamente uno tiene que haber percibido una realidad más o menos objetiva de algo pactado; implícita o explícitamente, con el otro, o con los otros.
La traición también resulta poco o nada sutil, sino descaradamente venenosa y amarga. Frustrante e indigesta. No hay nadie a quien yo haya conocido que guste del sabor de hiel de la sopa espumosa de la traición.
Cuando te traicionan... ya, ya sé que es uno el que muchas veces se siente traicionado sin que el otro o los otros, piensen que hayan cometido acto alguno de traición... cuando te traicionan se te nubla la vista y la mirada, la cualidad de ver nítidamente también queda difuminada y un mareo efervescente te arrastra cada vez más y más abajo. Al pozo de los sentimientos de soledad más extraños y cada vez más exclusivos, aislantes y sorprendentes. 
La traición duele, duele y duele... porque lo que creías seguro se desvanece, lo que pensabas íntimo se torna del otro, lo que tenías entre las manos como un nido de pájaros de complicidad y de juego casi secreto entre tú y el otro o los otros, cae al suelo y los huevos de esos pájaros mágicos se rompen antes incluso de haberse calentado lo suficiente.
Y los pequeños pájaros dorados se han desfigurado convertidos en esqueletitos y plumas escasas de esperanzas.
El juego secreto e íntimo se ha convertido en algo chabacano, en desuso, roto... como si nunca hubiese existido, y tú te percibes miserable y desvirtuado, patético en tu intento de aferrarte a la fe y más patético aún en tu intento de reclamar justicia, explicaciones, promesas, nuevas posibilidades de pactar lo impactable ya...
Después de una traición, lamento mucho gritarlo tan fuerte... pero no hay marcha atrás ni caminos laterales que te lleven a buen puerto. Puesto que ese puerto, ese lugar imaginado, inventado, creado en compenetrada complicidad alguna vez, ya no existe. Ni existirá.
Nuevamente, Alicia... bienvenida a este lado del espejo que tanto te apetecía probar. Ahora que tu carne es carne y tu corazón late más fuerte que el mío incluso... ¿Cómo te sientes?
¿Te gusta ese lado?
¿Te gusta ser real Alicia?

Pequeños Deberes- Y a ti... ¿te gusta ser real? ¿te gusta ese lado? ¿acaso tú has hecho lo contrario a Alicia, pedir el deseo de no ser real, de no tener un cuerpo de carne ni un corazón que lata?

Visita la página de la autora-http://www.cimamujerescineastas.es/espacioweb/web5/productos.php?id=287&usuario=AdrianaDavidova&id_usuario=2325

Fotos- Eduardo Pardo




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