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El mirón impaciente

Eduardo Nabal

Saldando deudas


El pasado nos pasa factura, parece decirnos John Madden en La deuda, un thriller filosófico-político protagonizado por personajes poco simpáticos. Los y las  agentes del Mossad de La deuda, encabezados por la siempre soberbia Helen Mirren, no pueden ignorar los fallos del pasado ni los errores cometidos.

El problema de esta película, de planteamiento interesante pero de guión obtuso, es que la cámara de Madden —como ya ocurría en Shakespeare in Love y, en menor medida, en La verdad oculta– es tan efectiva como impersonal y poco creativa. Los «asuntos» del «estado de Israel» y sus miserias por la hegemonía de la zona están de rabiosa  actualidad, pero el filme  no aborda el tema sino que se acerca de manera solvente pero algo fría al choque entre realidad y necesidad, entre el rencor y la culpa, entre los muertos, los ausentes  y los vivos.

La deuda es entretenido; no obstante, no aporta gran cosa al género policiaco de altas esferas y agentes de alto copete y doble fondo, y fracasa allí donde triunfaban El escritor de Polanski o incluso los últimos trabajos de Tom Twyker, Joe Wright o Ben Affleck, en  su  propósito de emocionar espectador. No hay personajes atractivos  a los que poder agarrarse a pesar del intento del director de acercamos a ellos y ellas en un relato alambicado y que, aunque narrado con soltura e inteligencia, se olvida con la misma facilidad que se disfruta  durante su  visionado.

En definitiva, una historia de política-ficción poco estimulante y donde acaban resultando planos  los propios protagonistas, encarnados por actores y actrices de moda, que se limitan a dar la talla. La interpretación de Mirren, la veteranía de Wilkinson, y una puesta en escena ágil en los momentos más difíciles, así como una correcta banda sonora de Thomas Newman consiguen que el público entre finalmente en el juego de engaños, sorpresas y traiciones, pero no hay nada detrás de la historia: ni una ideología, ni un alegato a favor de la paz, ni verdaderos amor u odio, ni pasión por el cine, tan sólo el deseo de llenar la sala.

Allí donde Eytan Fox triunfaba con Caminar sobre las aguas, La deuda naufraga en los códigos y los tópicos del cine de Hollywood.




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