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Viajar al óleo

Armando Cerra

Todo es posible con Picasso

Durante el verano de 1939, posiblemente Picasso saldría a pasear en bicicleta por el pueblo y el puerto de Antibes acompañado de su amante de la época, Dora Maar y alguna otra amiga, para tomar un cucurucho y contemplar el atardecer.

Posiblemente durante esos paseos a orillas del mar verían como salían a faenar los pescadores, y como si fuera un imán, las lámparas de los botes atraerían la atención de Picasso, igual que les ocurre a los mosquitos que merodean en torno a los pescadores y a los peces que poco se aproximan a las redes.

Posiblemente, Picasso intuiría el efecto que esa luminosidad causaba en las doradas y los cangrejos, que salían de la oscuridad de las aguas camino de la luz y la perdición de las redes de pesca.

Posiblemente, embebido en la escena y su imaginación, volvería a su apartamento y en una pared tensaría un gran lienzo de 7 metros cuadrados. Sobre él y sin bocetos previos, se lanzaría a pintar sus maquinaciones y lo contemplado en la costa de Antibes.


"Pesca nocturna en Antibes"


Museo Picasso en Antibes. Foto de Mónica Grimal

Posiblemente en el mismo instante que titulara la tela como Pesca nocturna en Antibes ya supiera que se iba a convertir en una obra maestra (una más) y que desde aquella habitación acabaría viajando hasta las salas del MOMA neoyorquino, donde hoy la luz de la lámpara pesquera ya no atrae a los peces, sino a millones de visitantes de cualquier parte del globo.

Posiblemente, aquel verano de 1939 Picasso supiera que años después retornaría a Antibes para pintar en las salas medievales del castillo Grimaldi, cuyas ventanas se asoman a la placidez del Mediterráneo que tanto adoraba el pintor. Ese encargo fue en 1946 y por aquel entonces volvió a Antibes acompañado por otra amante, la veinteañera Francoise Gilot, que ya estaba embarazada del sexagenario pintor malagueño.

Posiblemente Picasso ya era conciente de que ese lugar se iba a convertir en un museo con su nombre, visitado por miles de personas que llegan a la Costa Azul para disfrutar de su clima, sus playas, su glamour, su savoir fair y sus atractivos culturales. Todo eso, posiblemente Picasso ya lo sabía, porque con un genio como él todo es posible.

Visita la web del autor: www.maletadevuelta.blogspot.com




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