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Las críticas cítricas

Maruja Limón

Antes y después

Estoy que no meo…

—¡Maruja!
—Ni Maruja ni marujo, no te puedes creer lo que me ha pasado.
—Suéltalo.
—¡Me he cruzado en el súper con la Infanta Elena!
—Tú lo flipas.
—¡Y con Froilán!
—Te dije que el Baylis ese estaba pasado.
—De eso nada, los he visto, a los dos, a una señora de servicio y a un guardaespaldas, comprando embutidos de la marca blanca, ¿te imaginas?, ¡la Infanta Elena utiliza la misma crema hidratante que yo!
—¿Tas tu segura?
—Solutamente.

Ay, hijos, qué emoción. Yo había leído que algunos miembros de la Familia Real volaban en aviones baratos…

—Vuelos loucos, Maru, que no tienes nivel.

Pero claro, de eso a arrastrar el carrito como yo…

—¿Iba con bermudas y camiseta de propaganda?

… por el súper donde yo compro…

—¿Tienes una foto?
—Yo soy muy respetuosa con la intimidad de la realeza. Ni siquiera voy a decir en qué súper ha sido, por aquello de la seguridad y tal.
—Pero, ¿tú no eras republicana?
—Tengo mis días, y hoy no es uno de ellos.
—Podríamos haberla vendido…
—¿A la Infanta? Degenerado.
—La foto, boba, la foto…

Te digo que si no lo cuento, reviento. Tan modesta ella, con su carrito, del jamón braseado al queso para untar. Chica, qué subidón.

—Nadie te va a creer, sin fotos…

En fin, ya está, ya se me ha pasado el sofocón monárquico. A lo que voy.


Me he comprado el ¡Hola! En la portada, que aquí veis, aparece Tamara Falcó, junto a su padre, el marqués de Griñón, y su hermana Xandra, en su casa familiar de Toledo.

A mí, la portada me parece muy significativa. A la izquierda según se mira, el marqués y su hija… su hija…

—¡Xandra! ¡Se llama Xandra!
—Animalico…

Xandra, pues como normales, con unas plantas delante. Entre ellos y Tamara, un pilar…

—¿Y esa quién es?

… una columna o algo así. Y Tamara ocupando ella sola más de un tercio del espacio fotografiado, sin nada delante (para que se le vea el tipazo). Yo, y no soy malpensada, creo que hay una diferencia…

En cualquier caso, al vender la exclusiva han debido hacer un barato porque tras este reportaje inane vienen otros dos:

- El marqués de Griñón, con sus hijos Manuel, Xandra y Tamara Falcó, en la boda de Hilda Armada

- Tamara Falcó, paseo en bicis de alquiler con su padre, el marqués de Griñón, por las calles de Madrid

Perfectamente prescindibles, un tres en uno que sonroja.  

Por lo demás, y como suele ser habitual en ¡Hola!, encuentro noticias de esas que cambian mi perspectiva de las cosas.

Que si Rafael Medina y Laura Vecino fueron a visitar a un amigo hospitalizado.

Que si Sara Carbonero tiene un nuevo «amor», un precioso cachorro, y es incluso capaz de llevarlo en brazos.

Que si la princesa Victoria de Suecia estrena su primer vestido premamá…

Aunque mis favoritos de la semana son dos:

-«Petra Ecclestone, sorprendida por su marido con un impresionante Rolls-Royce como regalo de cumpleaños.» Obviemos el hecho de que la tal Petra (nada que ver con la Petra criada en apuros de mi infancia) aparece unas páginas antes junto con su hermana, otra mujer hecha a sí misma (con la ayuda de los cirujanos), capaz de declarar: «Realmente no sé cuantos pares de zapatos tengo. Si lo supiera, me sentiría culpable».  Obviemos eso y centrémonos en la foto de la página 114 en la que el marido en cuestión, un blando, se pasea ¡con un fajo de dólares en la mano! He visto a mafiosos de cine más elegantes.

- «Adriana Abascal, belleza y naturaleza en estado puro.» De entrada, admitamos que los señores de esta revista tienen un concepto distinto al mío de lo que significa «en estado puro». Pero me cuesta creer que haya nada puro (en ninguno de los muchos sentidos de la palabra puro) en esta señora más restaurada que Las Meninas (todas), que luce no menos de ocho modelitos y para la que el fotochop es cuestión de vida o muerte.

—Ay qué mala es la envidia.
—Con ricino, voy date yo las endibias, con ricino.

Además no es envidia… es indignación. Envidia es lo que debe sentir Gloria (a la izquierda) cuando ve a Kate con el mismo traje.


Hola.com

En fin, voy terminando que en la cocina el lavavajillas anda llorando su desgracia, «yo —dice—, que podría haber acabado mi carrera en la cocina de la Infanta y me tuvo que tocar esta».

Leo que Amaia Salamanca, que ha tenido la desgracia de enamorarse de un señor que se llama Rosauro, ha pasado «largos meses en Nueva York». Y me digo a mí misma que el secreto es ese, que sus meses son más largos que los nuestros, 31 días y no siempre, porque si no no se entiende que ellos puedan hacer tantas cosas y yo apenas pueda con lo mío.

—Mamá, ¿¿está ya la cena??

Días de 34 horas, es lo que yo necesito.




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