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Errata

Evaristo Aguirre

Fascinada

Cualquiera que haya estado, unos minutos siquiera, cerca de alguien poderoso, habrá sentido el atractivo que ese poder puede llegar a ejercer. En las relaciones de escritores o de periodistas con políticos, empresarios o personajes muy destacados en cualquier actividad, ese juego de atracción, recelo y repulsión debería estar siempre presente y debería, cuando escriben o informan de esas personas, ejercer los equilibrios necesarios para que el resultado no sea una vida de santo. No siempre ocurre.

Evidentemente, es difícil, e incluso cuando el sujeto de conocimiento, investigación y presentación tiene todas las papeletas para desagradar, se cuela una brizna de comprensión cuando no de cierta simpatía. Ahí están Truman Capote y su A sangre fría o Emmanuel Carrère y su El adversario. Así que cómo no iba a ocurrir con los poderosos.


La dramaturga francesa Yasmina Reza (París, 1959) tuvo la oportunidad de acompañar, muy de cerca, al candidato en las elecciones para la presidencia de la República francesa Nicolas Sarkozy, durante muchas horas de la campaña electoral que le llevó al poder en 2007. Y escribió un libro: El alba la tarde o la noche  (Anagrama, con traducción de Jaime Zulaika). No me pregunten la razón de la ausencia de comas en el título… Igual es para expresar la velocidad, las prisas, la precipitación incluso, que acompañan a N.S. a lo largo de todo este perfil personal, pues eso es el libro de Reza.


En Francia se publicó en septiembre de 2007, unos meses más tarde de la victoria electoral de N.S. y, quizá, de haber aparecido antes algunos votantes se lo hubieran pensado. El personaje protagonista de este libro da un poco de pereza, no es un tipo al que te apetezca invitar a tomar unas copas para poder charlar un rato. Y transmitir esa sensación es un logro del texto, puede que involuntario, no sé, pues la autora demuestra, en varias ocasiones, una indisimulable fascinación por N.S. No importa que a Reza le guste la parafernalia que rodea al candidato, la sensación de estar pegadita al poder político en un momento que, era evidente para todos, pasaría a la historia, el privilegio de estar allí y de que N.S. se dirija a ella, incluso le haga alguna confidencia. No importa, porque la escritora, al ordenar y pulir y esculpir sus notas, es honrada y consigna en su texto las luces y también las sombras; las certezas y también las dudas. Está su punto de vista, subjetivo, cómo no, y están los hechos, las frases, los comportamientos, con un punto de objetividad que permite al lector ver un poco más allá de su narración. El alba la tarde o la noche se lee bien, enseña cosas sobre la política francesa –sobre la política en general también– y sobre lo poco que hay detrás o en el fondo o en el interior de los seres poderosos que nos rodean a estas alturas de la historia. El N.S. de este libro es un personaje en esta crónica porque sabemos que no es ficción, pero para serlo en una novela le exigiríamos más… Le falta un hervor.





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