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Círculo de iluminación

Eva Orúe

Se acabó

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No lo conté en su momento, pero lo cuento ahora: desde hace unos días,  Pedro de Andrés (Alianza Editorial-Grupo Anaya) es el nuevo presidente de CEDRO. Sustituye a Juan Mollá, que pasa a ser vicepresidente primero, en tanto que Patrici Tixis (Planeta) ocupa desde ya la segunda vicepresidencia. La nueva tesorera es la autora María Teresa Gómez-Mascaraque.

El cambio se inscribe dentro de la normalidad institucional, la Asamblea General de Asociados se reunió, aprobó las cuentas de la Entidad (ejercicio 2010) y eligió a los nuevos miembros de la Junta Directiva (formada por 13 autores y 13 editores), que se renueva cada cuatro años y en cuya presidencia se alternan un representante de los autores y uno de los editores.

Lo llamativo de la última junta es que, a diferencia de lo que venía ocurriendo desde hace 12 años, esta vez en el (permítanme la expresión) «bando» de los editores no hay representación de los editores de revistas culturales. Están los editores de libros y los editores de revistas en general, pero no los de la Asociación de Editores de Revistas Culturales de España,  ARCE («una ausencia indignante», me dicen), y algunos hablan incluso de veto.

Cabe preguntarse el porqué de esa separación, que rompe un consenso bien establecido. En concreto, si tiene que ver con que hace unos meses, y cuando se iba a repartir el dinero recaudado, ARCE cuestionó el estudio que sirve de base al reparto. Y, en general, si es la consecuencia del papel de Pepito Grillo que ARCE venía representando, sobre todo en lo referente al sistema de gestión de derechos, que a estas alturas de doble crisis (económica y del modelo editorial) se ha convertido en la principal preocupación de muchos. Sea como fuere, una pena.

El verano se nos ha echado encima, y esto es lo que sé, no mucho, porque los implicados se muestran prudentes. Pero ya llegará septiembre, y seguiremos informando.

Coletazos creativos

Cuando creíamos que todo estaba parado hasta septiembre, esto: Random House Mondadori lanza Endebate, una colección del sello Debate que sólo publica en formato digital, y es la primera que lo hace en España. 

«Buscando responder al torbellino de información superficial y la falta de contenidos más pausados, Endebate sale a la venta en las librerías online con la voluntad de que autores reconocidos, prestigiosos expertos y protagonistas de los cambios que nos rodean traten en 10.000 palabras un tema con el detalle necesario para aclarar la realidad detrás de los titulares y los tópicos, y con la inmediatez y la brevedad que permiten las nuevas tecnologías.»

Los primeros títulos: Karama. Las revueltas árabes, de Olga Rodríguez; Lecciones de Fukushima, de Manuel Lozano Leyva; y El enemigo, el ensayo de Christopher Hitchens sobre Osama bin Laden.

Adicciones

Me encuentro al editor…

—¿Qué tal estás?
—Bien, pero el médico me ha dicho que me quite del tabaco… y de la joven narrativa española.

Afortunadamente hay quien, a pesar de los médicos y otros consejeros bienintencionados, perseveran no en el tabaquismo sino en la otra drogadicción.

Tengo encima de la mesita, de Caballo de Troya, que ha hecho del descubrimiento de nuevos talentos (unos más que otros) su sello de identidad, Una historia sencilla, de Luis Velasco Blake, y Komatsu pc-340, de Javier Mestre.

Tendré que esperar, sin embargo, para leer la antología Mi madre es un pez que Libros del Silencio anuncia para después del verano, y en la que participarán autores veteranos —Eduardo Mendoza, Rodrigo Fresán, Juan Villoro—, y otros no tanto: Alberto Olmos, Javier Calvo, Ricardo Menéndez Salmón, Jordi Soler Mercedes Cebrián, Jon Bilbao, Andrea Jeftanovic, Gabriel Sofer…

En cuanto al título, la editorial explica que la frase que encendió la chispa: «Mi madre es un pez», la pronuncia Vardaman en una de las escenas culminantes de Mientras agonizo, donde Faulkner llevaba al extremo las relaciones familiares, un tema preeminente en la literatura universal.

Intenciones

Este verano no me iré de vacaciones, tengo trabajo, voy a colaborar en Hoy por hoy, el programa mañanero de la Cadena SER que desde hoy y hasta septiembre dirige Pedro Blanco. Hablando de todo, pero sobre todo, hablando de libros. Por si os pica la curiosidad, martes y jueves de 11 a 12 horas aprox.

Mucho Madrid, pues, y mucha lectura atrasada. En la mesilla me esperan libros que he ido acumulando, en la esperanza de que el verano me permita degustarlos con calma.


… Estética de lo peor, de José Luis Pardo (Pasos perdidosBarataria), una reflexión sobre el sentido del arte en nuestro mundo, y sobre en qué medida el arte ha dejado de representar un principio de libertad, y ha quedado reducido a una manifestación más del mercado que todo lo engulle.

El exilio interior. La vida de María Moliner, de Inmaculada de la Fuente (Turner), una mujer escribiendo la historia de otra mujer (paisana mía, por más señas), y no una cualquiera: la mujer que escribió sola, en su casa, con su propia mano, el diccionario más completo, más útil, más acucioso y más divertido de la lengua castellana. No lo digo yo, lo dijo García Márquez.

Elogio de la infidelidad, del divertino Daniel Tubau (Evohé), que es lo que su título indica: una defensa de la infidelidad y además una defensa sincera. ¿Qué mejor lectura para el verano?


La Torre de Babel, de A.S. Byatt (Alfaguara). Porque me han dicho que es una obra maestra.

Hacia una nueva política sexual. Las mujeres ante la reacción patriarcal, de Rosa Cobo (Los libros de la catarata). El título basta para explicar mi interés.

… Guía de la cultura, de Ezra Pound (Capitán Swing). En la contraportada, el editor presenta al autor como «sin duda uno de los mayores chiflados del mundo». A mí me basta como excusa…

… Acceso no autorizado, de Belén Gopegui (Mondadori), porque hay escritores a los que hay que seguir.

Islas en el cielo, de Pedro Pablo García May (Alberto Santos). Porque el autor es compañero y amigo, y porque sueña y escribe mundos que una no podría ni imaginar.

   

El que a buen árbol se arrima…


Hace algunas semanas, con motivo de la Feria del Libro, Duomo ediciones me envió un paquete con novedades editoriales (El precio de la culpa, de Ian Buruma, también espera turno de lectura) en el que también había un díptico en el que aparecían esas mismas novedades y una invitación: «Celebra con Duomo el Año Internacional de los bosques». Allí, junto a la reproducción de las portadas de dos libros (El hombre que plantaba árboles, de Jean Giono, y Montañas como islas, de Forrest Carter), venía un paquete de semillas de pino con unas precisas

Instrucciones de siembra:

1) Enterrar las semillas someramente en sustrato o tierra.
2) Humedecer la tierra sin que llegue a encharcarse.
3) En 1 o 2 semanas aparecerán los cotiledones (primeros brotes verdes).
4) Seguir manteniendo la tierra húmeda y dejar la maceta en un lugar iluminado.

Tengo cuatro cotiledones como cuatro soles. En nada, podré leer todos mis libros a la sombra de estos pinos letraheridos. Gracias Valerie, gracias Laia.

Batallas pendientes

Tuve ocasión de hablar recientemente con Mª Ángeles Cabré quien, por cierto, acaba de publicar Gran amor (Egales | Desatada), su primer poemario. Charlamos de literatura, de la situación del mundo editorial, de lo mal que lo están pasando las librerías… Y hablamos de  la labor que desarrolla en el seno de Clásicas y modernas, asociación de la que ya se ha tratado aquí en alguna ocasión, que preside Laura Freixas y que, conscientes de la marginación e invisibilidad de las mujeres en la cultura, sobre todo en los ámbitos de mayor poder y prestigio, han decidido hacer algo para cambiar las cosas.

Por ejemplo: enviar cartas a las instituciones públicas y a las entidades culturales privadas cuando ve un flagrante exceso masculino.

Por ejemplo: junto a otras dos asociaciones, CIMA (Mujeres de Cine) y MAV (Mujeres de Artes Visuales), y tras reunirse con la ministra de Cultura, poner en marcha un estudio para obtener los datos reales de esa desigualdad.

Me dice Mª Ángeles que no se trata de conseguir una sobrerrepresentación femenina, sino de que la mujer esté justamente representada. «Es —explica—, como si habláramos del tráfico en las carreteras sin mencionar las motos. Vale, son menos, pero están ahí, ¿no?» Y (me lo ha puesto fácil), van como motos ocupando espacios. Suena antiguo, pero la lucha continúa.




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