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El mirón impaciente

Eduardo Nabal

El primo mayor de Amélie


Sin abandonar su inconfundible universo audiovisual, su humor negro y su homenaje al cómic, Jean Pierre Jeunet logra con Micmacs su película más adulta y combativa, superando el feísmo de Delicatesen y la afectación de Amélie.

Nos coloca ante la desoladora historia de Basil, un hombre sin suerte que perdió a su padre por una mina antipersonas en el desierto y que se encuentra ahora  con una bala perdida de la policía alojada en su cabeza. Aunque Jeunet vuelve a presentar a su personaje con cierta condescendencia, simpleza  y trazo grueso, la intensa interpretación de Dany Boon (la criatura más compleja del relato, si no la única) como este vagabundo enfrentado a la industria del tráfico de armas y la descripción de las gentes que pueblan las barriadas desfavorecidas de la Europa de hoy se nos antojan más sugerentes que la orgía audiovisual —igualmente onírica pero falta de soporte dramático— de su fallida La ciudad de los niños perdidos. Hay muchos guiños cinéfilos y literarios en el estilo circense y desmesurado de este realizador belga que mezcla el primitivismo con la sofisticación, el lirismo con la parodia, la tragedia con la fábula, el cine infantil con el cine adulto, y logra finalmente el propósito de seducir e incluso engatusar al espectador.

Jeunet demuestra en Micmacs que es un hábil narrador además de un director artístico de primera, aunque su prometedora historia de soledad y pérdida de la inocencia de nuevo se vea perjudicada por la definición simplista de los secundarios, la tendencia irremediable a la caricatura y la astracanada y un uso algo pueril y apresurado del distanciamiento brechtiano de las emociones de los personajes a través de la ironía, el estilo vertiginoso, la insolencia y el pesimismo.

Micmacs es una película llena de momentos inolvidables y con eficaces puyazos sobre la soledad del individuo frente a las instituciones, pero de nuevo no sabemos si el director se limita a ser un excelente prestidigitador o busca, sin conseguirlo del todo, una forma nueva de contar historias, pero, esta vez, aun abusando de los efectos audiovisuales y con un guión algo esquemático, la película sorprende por su relativa dureza allí donde Amélie se derretía por su blandura y su afán desesperado de conquistar al público.




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