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Alicia en la realidad

Adriana Davidova

Arañando piedra

Lo peor es que parece que te ven.
Es una pared de cemento transparente.
Sí.
Un muro de hormigón invisible.
Que se levanta en medio de la carretera.
Entre tú y todo lo demás.
Parece que podrás avanzar, parece que podrás tocar, rozar, coger, tomar, alcanzar... pero indistintamente acabas golpeando tu cara, tus manos, el torso... y estrellando el corazón contra ese freno de cemento.
Entre tus impulsos y el engranaje de relojería donde todo lo demás encaja.
A la perfección.
El invisible muro de hormigón.
Es como golpear contra la nada, gritar en el vacío, llorar en la lluvia que se lleva las lágrimas...
Quemar en medio de la lava, arder dentro del fuego, hacerte invisible cuando nadie te ve.


Quisiera que mi voz tuviera oxígeno, que mis palabras cobraran fuerza, que mis manos abarcasen la belleza y que mi cuerpo fuera tangible.
Quisiera poder transformar lo que me rodea, modificar lo aparentemente inamovible, escuchar la verdad de las palabras, entender el lenguaje sutil de los cuerpos, de los gestos, de las miradas... Ver las miradas. Mirar de verdad. Ser vista también.
¡Cómo me gustaría una reunión perceptible y honda entre unos y otros, entre lo que somos y lo que queremos ser, entre lo que pensamos, sentimos y percibimos. Un reunirse con lo más valioso de nuestro propio germen al nacer, al existir!
¿Para qué nacemos?
¿Para qué existimos durante ese determinado tiempo, durante ese determinado momento de espacio y de realidad circunstancial?
¿Para qué anhelamos aquello que surge de un modo imprevisto y nada tendencioso en algún hueco desconocido y desconcertante de nuestra mente?
¿Para qué?
Acaso tengamos que inventarnos el "para qué", para poner una impronta de sentido a lo que creemos ser y a lo que decidimos hacer. Una impronta de sentido a nuestro venir casual o causal a este mundo repleto de anhelos y de soledades, de vidas que uno desea haber vivido y de vidas cuyo dolor o desconsuelo no admite ninguna justificación o coherencia que de sentido a ese infierno.
Vidas como esta;
y como la de Sakineh...
o la del miedo de María,
la que escribió Irina en una breve carta sobre Katia...
... y las vidas de nadie
que son las de muchos y siempre hay alguien detrás de ese velo-nadie, siempre alguien que mueve los labios tras el transparente muro de cemento. Mueve los labios pero sus palabras no existen porque no hay aire para su voz.
No hay oxígeno.
...Yo que a veces pienso que sé, que intuyo lo que soy,
Ahora sólo araño la piedra. La engañosa piedra invisble que me separa del deseo.
Las uñas se gastan y se rompen arañando la piedra. Sangran los dedos. Pero es tan grande el deseo de existir. Tan feroz.
Que arañaré hasta la última gota de aliento que me permita seguir.
O hasta deshacer los espejismos.
¿Moriré? 
No quiero morir. Aún no. Tal vez nunca.
No quiero morir.
Todavía no.
Arañaré piedra.

Pequeños Deberes- Pido un deseo de feliz cumpleaños para Divertinajes, porque dentro de un micromundo generalmente movido por toda clase de normas, de intereses materiales, sociales, económicos, personales y etc... supone una pequeña isla de ilusión hecha realidad, una pequeña ocasión para honrar la libertad de expresión y de visión.
¡Feliz Cumpleaños Divertinajes!

Dibujos- Adriana D.

Visita la página de la autora-http://www.cimamujerescineastas.es/espacioweb/web5/productos.php?id=287&usuario=AdrianaDavidova&id_usuario=2325




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