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El mirón impaciente

Eduardo Nabal

Querer y poder


Insidious quiere y no puede renovar un género tan transitado como el de la Ghost story y las historias de casas embrujadas y  familias atrapadas en ellas.

Frente a la imaginación de clásicos modernos del género como Déjame entrar o la más reciente Retornos de Luis Avilés, el filme de James Wan es tan original en su tratamiento audiovisual (con  estilo directo, cámara en mano, y acercamiento transparente a los personajes) como convencional en su estructura dramática y definición de los personajes.

Patrick Wilson y Rose Bryne se limitan a encarnar con dignidad sus papeles mientras que Barbara Hersey cae en el histrionismo interpretando a la antipática suegra de una familia sacudida por el mal y la enfermedad. La aparición de médiums y cazafantasmas no hace sino añadir clichés a un filme rodado con astucia pero sin demasiado entusiasmo.

Estamos ante una película bien contada (con sinuosos movimientos de cámara e inquietantes efectos audiovisuales), pero bastante previsible en su desarrollo y menos innovadora de lo que pretende. Wan, formado en las series de televisión policiacas, nos ofrece un entretenimiento con pretensiones a través de una historia de posesión y rincones ominosos llena de astutos puntos de giro argumentales que no aportan gran cosa a la originalidad de un filme donde la frescura de su puesta en escena se diluye en los clichés del género.

Niños enfermos, adultos enfermizos, invasiones que vienen de dentro y una fotografía en tonos sepias son los elementos de este thriller familiar y sobrenatural que está más cerca de Exorcismo en Connecticut que de Al final de la escalera o incluso La otra hija de Luis Berdejo. No hay mirada ácida sobre la familia tradicionalista, la ñoñería se mezcla con la crueldad, y los sustos y efectos sonoros bien dosificados no bastan para satisfacer a los amantes de un género discutido pero muy popular y taquillero. La estética de videoclip y la construcción simplista de la psicología de los protagonistas acaban por sumir —a pesar de su prometedor arranque— a Insidious en una abrumadora mediocridad.




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