Secciones:

Boletín de novedades

Reciba nuestro Divertín de manera regular y gratuita.
Su e-mail

¡Web seleccionada entre las mejores!

Viajar al óleo

Armando Cerra

El retrato de una escultura


"Perseo de noche", de J.S. Sargent

Hoy y ayer, muchos pintores estadounidenses han viajado a Europa para empaparse de la historia artística del Viejo Continente. No es el caso de John Singer Sargent, autor del cuadro protagonista de estas líneas. Fue su padre, un acaudalado oftalmólogo americano quién decidió instalarse en Europa. Aquí nacerían sus vástagos, entre ellos el mayor, John, que vio la luz en 1856 en Florencia.

Por lo tanto este pintor norteamericano desde joven se impregnó del arte italiano, y después del francés, alemán, holandés o del español, entre otros, ya que durante toda su vida intentó aprender de la tradición pictórica de cada lugar, viajando por distintos países para conocer in situ la obra de los grandes maestros.

Fruto de ello y de su talento natural, llegó a ser un reputado retratista, de depurada técnica, solicitado por magnates europeos y americanos. Sus óleos inmortalizaron a personalidades como Robert L. Stevenson, los presidentes Wilson y T. Roosvelt o acaudalados burgueses del momento.

Hasta su muerte en Londres en 1925, pintó numerosos retratos, si bien en sus últimos veinte años de vida aminoró su producción, a favor de las acuarelas de paisajes y entorno urbanos.

Precisamente en esas acuarelas es un artista más libre, menos ceñido a la rigidez del encargo. Como en la obra aquí reproducida, pintada en su ciudad natal: Perseo de noche de 1907.

Ayer y hoy, el Perseo de Benvenuto Cellini es inspiración para artistas, no sólo escultores que ven en este bronce una obra cumbre de la plástica universal, sino también para pintores y fotógrafos, que intentan trasladar a dos dimensiones el volumen de la escultura.


"Perseo" de Cellini. Foto: Mónica Grimal

La figura muestra al héroe tras decapitar a la maléfica Medusa, siguiendo el relato de Ovidio. Y la magia de la obra es que cada punto de vista desde el que la miramos se convierte en un hermoso encuadre, su tridimensionalidad se compone de infinitos planos, tantos como ojos la miren, así como nos mira a nosotros vencedor Perseo y vencida la Medusa.

John Singer Sargent decidió mirarlos desde su perfil derecho y la fotógrafa de frente y desde abajo, reverenciando la excelencia de la obra. Así le hubiera gustado a Cellini, orfebre, pendenciero, mujeriego, vanidoso, y sobre todo un escultor inmenso, cuya obra compite en belleza con otras joyas de la plaza florentina de la Signoria. Allí está la Judith de Donatello, el David de Miguel Ángel, el Perseo o el Rapto de las Sabinas de Giambologna, cuatro eslabones imprescindibles de la escultura mundial y tan sólo una muestra de las miles de obras de arte que atesora Florencia.

Visita la web del autor: www.maletadevuelta.blogspot.com




Archivo histórico