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El prado eléctrico

Fernando P. Fuenteamor

El asiento del conductor


¡Qué delicia reencontrarse con el mundo esquinado, vidrioso, entintado y lleno del humor tóxico de Muriel Spark! ¡Qué divertidos y perturbadores  momentos he pasado leyendo su novela corta de título El asiento del conductor, editada en Inglaterra en 1970 y ahora, en castellano, por Contraseña!

Esta dama escocesa de azarosa vida nació en Edimburgo en  1918. Casada en 1938, se trasladó con su marido a Rhodesia (actual Zimbabue). Tras su fracaso matrimonial y obtenido el divorcio volvió a Londres en 1944 dejando un hijo con su  ex marido. Tras trabajar en el contraespionaje aliado durante la guerra, en los sesenta se trasladó a Italia donde residió hasta su muerte  en un pequeño pueblo de la Toscana en 2006.

Su carrera literaria comenzó después de la guerra realizando  estudios biográficos de escritores como Brönte y Wordsworth; más tarde fue editora de una pequeña revista de poesía ─Poetry Review─ y, en 1957,  publicó su primera novela titulada The Conforters (Los que consuelan) que le abrió el cauce literario en Inglaterra y Estados Unidos. De 1959 es Memento Mori, y de 1960 Balada de Peckam Rye, que sentaron una incipiente fama de escritora inclasificable. El año 1961 publica Primeros pasos de Jean Brodie,  su consagración como novelista en el panorama literario inglés. Éxito rotundo de ventas, fue trasvasada al teatro y luego al cine en una estupenda película que le valió un Oscar  a la gran Maggie Smith por su interpretación de esa  atípica profesora de Edimburgo que utiliza unos métodos de enseñanza sui generis en la academia que regenta  en los primeros treinta del siglo pasado.

En el 63 publica la que la crítica y el público consideraron su mejor obra, Las señoritas de escasos medios, que la convirtió en la respetada y admirada escritora, crítica y periodista que fue hasta el fin de sus días.

Pero, personalmente, yo prefiero su colección de novelas cortas en las que brilla por todo lo alto su particular forma de entender y desestructurar los géneros literarios. Por derecho propio, El asiento del conductor está entre las mejores de estas narraciones. Aquí nada es lo que parece, una constante en la obra de Spark. ¿Se trata  una historia de intriga? ¿Se trata de una novela negra?  ¿Se trata del retrato psicológico de una paranoica? Pues sí y no; porque en ella la maestría de su autora hace saltar por los aires todas las convenciones de este tipo de novelas aunque contenga  todos sus ingredientes. La historia desopilante de esta joven nórdica que se toma unas vacaciones y vuela hasta Nápoles para encontrar un destino al que parece no poder escapar  ─morir brutalmente asesinada─ pero que parece buscar como sublimación de una vida gris y aburrida, atrapa y seduce desde las primeras líneas. La autora no nos engaña, ni intenta crear suspense con la acción  ─desde muy al principio se nos anuncia el fin de su protagonista─. Lo que le interesa a Spark es mostrar un lado de la naturaleza humana, a menudo oculto, que es el motor de la historia. Lise, la protagonista, no es una víctima, es una mujer resolutiva que sabe lo que quiere y en todo momento conduce su vida por el camino que ella ha diseñado para lograr su fin: una especie de suicidio asistido.

Ese viaje hacia el interior de ella misma y el exterior por la ciudad van  en paralelo, descubriéndonos a nosotros y a ella misma, a través de sus relaciones con las personas que se cruza, las motivaciones ocultas que la llevan a tomar su drástica decisión. Esta mujer que se pone el mundo por montera, que al principio nos parece excéntrica y caprichosa  ─memorables las escenas de la compra de la ropa que llevará en el viaje─ y que más tarde  en el peregrinaje urbano que realiza en busca de su final nos va descubriendo  el frágil andamiaje que sustenta su interior de una forma directa y amenazadora, es, por su cercanía a patrones de comportamiento colindantes con nuestra propia naturaleza humana,   absolutamente aterradora.

En esta pequeña obra maestra hay violencia, hay humor, hay maldad,  hay amor, hay muerte, en fin todo el catálogo del lado más oscuro del comportamiento humano, presentado y diseccionado por el ojo clínico de entomóloga de su autora con la frialdad y distanciamiento absolutos que es marca de fábrica en ella.

John Updike decía que leer a Muriel Spark era como adentrarse en una casa encantada donde hay puertas que conducen a pasadizos secretos y botones ocultos que abren paneles a otras dimensiones y donde nada es lo que parece.

No se me ocurre mejor manera de cerrar esta reseña, porque retrata fielmente las características esenciales del universo sparkiano.




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