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El mirón impaciente

Eduardo Nabal

All you need is love


Inspirada en la difícil adolescencia del hoy mítico músico John Lennon, Nowhere Boy es el más que digno debut en la gran pantalla del realizador Sam Taylor Wood. Lejos de contarnos una historia musical o épica, Wood se centra en la difícil adolescencia de un muchacho abandonado por su inestable madre y criado por su tía Mimí (una compleja caracterización de Kristin Scott Thomas). El escaso parecido de Aaaron Johnson con el Lennon original no invalida el esforzado trabajo del actor en  una pieza de cámara cuyos puntos fuertes son el reparto, la cuidada ambientación y una puesta en escena sencilla, meticulosa y realista que nos muestra una sociedad cambiante a través de una trayectoria vital donde solo la música y la amistad parece sacar a esos jóvenes inquietos  de una cotidianidad gris, pulcra y asfixiante.

La película, pequeña pero simpática, narra la implacable desintegración de la familia del artista, sus primeros ligues y su encuentro con Paul McCartney y otros muchachos  que luego serían sus célebres compañeros-rivales. Taylor Wood muestra a Lennon como un joven común, algo revoltoso y de trayectoria salingeriana, y la mayoría de las secuencias de la película transcurren en los interiores de pequeñas casas donde el protagonista descubre la soledad, el amor, la lealtad y la ambición. La banda sonora, firmada por Beatles, acompaña las imágenes cuidadas de un filme que no necesita grandes efectos ni discursos para contarnos los primeros años de quien aprendió más cosas en la universidad de la vida que en los apolillados colegios ingleses. No estamos ante una gran película, pero sí ante una película estimable que se aleja del postmodernismo de I´m not there de Todd Haynes o del tremendismo de Neds de Peter Mullan para enseñarnos la trayectoria de unos amantes de la música cuyas transgresiones juveniles hoy no nos parecen gran cosa. Tampoco hay mucho de documental en la comedia melodramática de Taylor que, a pesar de su rigor, se permite muchas licencias con el aspecto físico y el comportamiento de los protagonistas.

Nowhere Boy es una película formalmente clásica –que bebe tímidamente del free cinema de los sesenta—, una historia contada sin riesgos, pero también un drama grácil sobre el despertar al sonido, el ritmo y la fama de un joven “sin suerte”.




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