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El prado eléctrico

Fernando P. Fuenteamor

Padres, hijos y primates


Tomad nota de Jon Bilbao, nacido en Ribadesella en 1972. Con una primera novela (que aún no he leído, titulada El hermano de las moscas: me apresuraré a hacerlo), y un libro de relatos (Como una historia de terror, Premio Ojo Crítico de Narrativa 2008, que no se me cayó de las manos en una lectura  realizada de un tirón) ha conseguido ser considerado por lectores y críticos oficiales una de las  más firmes promesas de la narrativa actual española (sic).

¿Hay para tanto? Lo hay, de verdad, y esta estupenda novela que es Padres, hijos y primates (Salto de página) lo corrobora sobradamente. Y estoy tan encantado de haberla leído que voy a dejar a un lado todas las consideraciones más o menos objetivas que muchas veces priman en mis comentarios sobre libros para mostrarme desvergonzadamente subjetivo y recomendárosla sin ambages. Me lo vais a agradecer, de eso estoy seguro. Tiene ritmo que no decae hasta una última frase lapidaría y magnífica; su trama es auténticamente Bilbao, fiel a su estilo sólido y desbrozado de obviedades, que va  directo al  centro de la cuestión sin añadir  florituras o divagaciones innecesarias  convirtiendo su lectura, de una fluidez narrativa envidiable, en un verdadero regalo. Sus personajes tienen enjundia y están milimétricamente dibujados para  que la maquinaria literaria funcione a todo gas (Auster y Dahl aparecen por ahí como referentes); y la ambigüedad con la que los dota y el ocultamiento de su pasado nos los hacen aún más cercanos. No quiero olvidar, tampoco, reseñar un par de características  que ya aparecían en su anterior libro de relatos y que van camino de convertirse en marca de la casa, me refiero a los desopilantes resultados  que puede llegar a ocasionar el más anodino de los sucesos y la entrada de animales en la narración, esta vez un primate.

La novela empieza en Cancún, con huracán incluido y va a más, creciéndose conforme avanza la acción. El protagonista, un vendedor de aire acondicionado, pillado literalmente entre dos crisis, una personal y otra profesional, se ve abocado a lidiar con lo impensable. Entre medias están: su suegro, que va a casarse con un bombón; el azar, que pone en su camino a uno de sus antiguos profesores universitarios; su vieja mujer paralítica; y el primate del título. Hay también una habitación de un hotel y algo más que no voy a desvelar y que hace de esta novela una lectura  estimulante.

A pesar de algún ligero desequilibrio en la estructura,  su tono sobrio y objetivo  acaba imponiéndose  trufado de un soterrado sentido del humor  y una habilidad especial para abocetar  los personajes y sus estados de ánimo. Bilbao recrea como pocos los ambientes claustrofóbicos, las amenazas veladas que pueden estar implícitas  en  el escenario más idílico para mantener una tensión que sostiene toda la armazón de la historia y es un maestro, también, en sacar las más acertadas reflexiones de las situaciones más nimias.




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