Secciones:

Boletín de novedades

Reciba nuestro Divertín de manera regular y gratuita.
Su e-mail

¡Web seleccionada entre las mejores!

Círculo de iluminación

Eva Orúe

El dios de la lluvia

eorue[arroba]divertinajes[punto]com

Sabido es que el resultado de la Feria de Madrid depende en gran medida de lo mucho o poco que llueva. Los chaparrones ahogan las expectativas de ventas, y este año no es avaro en agua.

Sin embargo, y cuando llegamos al ecuador de la cita, al fin de semana («La gente acaba de cobrar…») que marca la diferencia, las impresiones son contradictorias. «Hemos bajado un 40%», me indica un editor. «Hemos subido bastante, firmaba ahora por que el resto del año fuera como la Feria», me apunta otro. Supongo que hasta el último minuto hay partido. Habrá que esperar.

Una pregunta

«Si la crisis del sector es tan palmaria —me pregunta alguien—, ¿por qué surgen editoriales como setas?». Respuesta chistosa: porque está lloviendo mucho. Respuesta sincera: ¿y tú me lo preguntas?

Por cierto, en septiembre vuelve Gonzalo Pontón y con editorial nueva: Pasado y presente, me dicen que se llama, y no sé si es una manera de reivindicarse.

Un lapsus

Sin duda, la compañera de ABC sabe que no lo son. Soviéticos, I mean. Pero ahí está:



Estuve con Alekséi Lukiánov, Ígor Savéliev y Gula Jiráchev, que llegaron a España tras pasar por Alemania, siempre acompañados por Olga Slávnikova, escritora ella misma, ganadora del premio Booker Ruso y responsable del premio Debut, que ha hecho de estos autores pequeñas (de momento) celebridades. Vinieron a presentar El segundo círculo La otra orilla), una antología de prosa rusa de nueva generación, escrita por autores que no han vivido la época soviética y están libres de su herencia.

En el Pabellón Martín Gaite de la Feria, y ante un público muy reducido, explicaron las dificultades que tienen para escribir y, sobre todo, publicar. Lo complicado que es dar a conocer tu obra cuando vives lejos de los centros literarios, Moscú y San Petersburgo. Y lo importante que es internet en sus vidas: lo que no sale en papel acaba colgado en la red, donde las asociaciones de jóvenes escritores son especialmente activas. No obstante, lo que para ellos es una manera de salvación es para Slávnikova una condena: un autor debe ser publicado en papel. Y algo más: el capitalismo está acabando con la literatura. Nótese que no dice con los libros, ni con la industria editorial. Con la literatura.

Hablando del Pabellón Martín Gaite

¿Cuándo se animarán los responsables de la Feria a replantearse las actividades que en él se celebran, muchas de ellas sin suscitar el más mínimo interés del público?

E incluso: ¿cuándo se animarán a convertirlo en un espacio medianamente confortable en el que el ruido del aire acondicionado no impida escuchar las intervenciones y la megafonía funcione correctamente?

Sin salir de ahí…

[COMENTARIO AÑADIDO EL 5 DE JUNIO. Lo diré también en el próximo Círculo, pero lo añado aquí para que no se me escape ningún lector: el esfuerzo de los organizadores del acto del que a continuación, y que no he subrayado lo suficiente, hablo fue enorme, digno de elogio. Y me consta que el resultado de sus desvelos, la ayuda a los afectados del terremoto de Lorca, compensa enfados, problemas y sinsabores. Dicho lo cual. les dejo leer lo que escribí el 2 de junio.]

***

Aunque esto no es culpa del pabellón en sí.

Como centro neurálgico de la Feria que es, fue el lugar elegido para celebrar el acto solidario con las víctimas del terremoto de Lorca. La idea era que los escritores que pudieran participar leyeran un texto (breve) y los que no mandaran un texto (breve), que las editoriales enviaran libros (no demasiados) para ser vendidos (al precio mínimo de 25 euros) y los autores también contribuyeran, firmando ejemplares.

El presentador del acto, Pedro Blanco, pidió a los escritores solidarios que lo fueran también con sus compañeros, y les indicó que en ese contexto, solidaridad era sinónimo de brevedad. Que si quieres arroz, Catalina. Muchos decidieron convertir su minuto de gloria en un cuarto de hora, lo cual, en el tramo final, obligó a otros a acortar sus intervenciones, algo que no todos hicieron gustosamente, y alguno manifestó su cabreo de manera ostentórea, no fuera a ser que los asistentes no nos diéramos cuenta.

Muchos, digo, pero no todos. Nuria Barrios, Andrés Neuman o Luis García Montero se atuvieron estrictamente a lo pedido. No como el ¿artista? que leyó un poema de su madre, poetisa a la que el mundo no ha sabido valoraro, o esa ¿creadora? que decidió explicarnos que los escritores son seres humanos (en su opinión, la Feria sirve para eso: para que los lectores sepan que tienen granos, canas... lo dijo, lo juro) y que, como seres humanos que son, son solidarios. Olé.

En cuanto a las editoriales, cualquiera que sepa medianamente cómo va esto sabe que demasiados libros equivalen a un gran problema, y al menos hubo una que contribuyó a la confusión descargando un montón de cajas, a todas luces invendibles, con las que nadie sabía qué hacer.

El enfado de los organizadores, voluntarios todos, era notable. «No me meto en una de estas nunca más», prometía uno. Lo entiendo.

Una comida


Gracias a Enrique Redel, como con Mircea Cărtărescu, autor de El Ruletista (pinchen aquí para saber más, pero no hagan caso de la foto: el autor es un tipo bien afable) y del que pronto Impedimenta publicará en octubre Travesti (de la que la traductora, Marian Ochoa de Eribe, habla maravillas).

Dice Cărtărescu que empezó escribiendo poesía (y sigue: este otoño Bartleby publicará una amplia antología), y que sigue siendo un poeta por el punto de vista que adopta. Dice que empezó a escribir historias breves por influencia de Cortázar, Borges, Sábato, Carlos Fuentes… escritores todos ellos cuya producción los emparenta con los literatos rumanos, adictos a la prosa fantástica, de la que tan buenos ejemplos hay en rumano y en las otras lenguas (francés sobre todo) que los exiliados acabaron adoptando. Dice que es un escritor orgánico, como orgánicas son sus obras, que se desarrollan según van surgiendo, y no en función de un planning previo. Dice que tras escribir poemas y relatos breves, se lanzó  a escribir una trilogía, Orbitor, que tiene forma de mariposa. Y dice, cuando le relato lo que han dicho los escritores rusos arriba mencionados, que sí, que hay censura económica pero se diría que, habiendo vivido lo que él y tantos han pasado, no le da mayor importancia.



En el Escaparate de esta semana:

:: Tatuaje, de Junichiro Tanizaki (Rey Lear). Llegará a las librerías en septiembre.

:: Creacionismo y diseño Inteligente frente a Evolución: Un debate inexistente, de Emilio Cáceres Vázquez (Hélice).

:: El espía de Madrid. Barcelona, 1936, de Goyo Martínez y Joan Salvador Vergés (Singular).




Archivo histórico