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El prado eléctrico

Fernando P. Fuenteamor

Más allá de… ¿mí?


La esfera de los libros presenta la primera novela de la guionista y periodista Bárbara Alpuente. Su título: Más allá de mí, una novela de “mujeres”,  que aspira a no ser no exclusivamente para ellas, y que sigue  la estela  de  otros títulos de buena fortuna comercial  en los dos últimos años como La vida entre costuras de María Dueñas, Habitaciones cerradas de Care Santos,  o La memoria del agua de Teresa Viejo, entre otras muchas que aparecen cada mes en las mesas de las librerías.

Novelas que vienen a demostrar que sí hay vida (literaria) después de  Corín Tellado, Rafael Barón, Luisa Alberca  y un variado catálogo de autores que escribían folletines  de (des)amor  que  llenaban las estanterías de los kioscos de estación a mediados del siglo pasado. Lecturas preferidas  de las abuelas y madres de estas nietas  escritoras que, salvando las distancias del tiempo y la calidad  literaria, vuelven a los mismos temas de (des)amor que tanto gustaba a sus predecesoras, despojándolos, eso sí, de su tufo folletinesco, de su olor a puchero  de buhardilla, e intentando  con mayor o menor éxito según el caso y el talento, recomponer una cierta memoria histórica del papel de una mujer siempre ninguneada por una sociedad machista anclada en sólidos valores  éticos cristianos que era la del nacional-catolicismo español.
En Más allá de mí asistimos al desarrollo de las vidas de unas mujeres habitantes todas de una misma casa en dos épocas distintas. Una especie de mundos paralelos que la novelista presenta en capítulos alternativos  ─un procedimiento eficaz pero nada novedoso─ y con dos voces narradoras, una en el presente y otra en el pasado, cuyo nexo de unión son un viejo espejo, algunos pequeños recuerdos encontrados al azar, y trozos de memoria  recuperada  a través de los antiguos vecinos del inmueble.

Al hilo de la narración de cada una de ellas vamos conociendo sus circunstancias vitales mientras habitaron ese piso de la calle Jesús del Valle en Madrid. La primera voz narradora es una mujer de nuestros días, de treinta y tantos años, que tras su separación matrimonial, busca dar un vuelco a su vida y encontrar sentido al hecho de vivir escribiendo una novela que aún no sabe de qué va a tratar. El descubrimiento de algunos extraños acontecimientos acaecidos  en la nueva casa va a proporcionarle el leitmotiv para lanzarse a escribir las vidas de las antiguas  inquilinas de la casa que, en el camino, le ayudarán a entender las contradicciones de la suya propia.

La segunda voz, es la de una de las inquilinas del piso en los años cincuenta, una mujer aún joven que se creía felizmente casada a la que, de la noche a la mañana, la vida se le viene abajo al abandonarla su marido y dejarla con dos hijas pequeñas. Para sobrevivir, se ve obligada a alquilar dos habitaciones de la casa a dos mujeres que entraran en su vida para quedarse y ayudarla a recomponer su destrozado tejido vital. Entre las tres aprenderán   a cartografiar, cada una a su manera, el nuevo mapa de sus vidas.

Esta es una novela que, aunque fundada sobre un cierto pesimismo trascendente que planea sobre sus protagonistas, siempre tiende  hacía la reflexión positiva. Hay un cierto tono de sarcasmo, no muy bien encajado, en la narradora actual, que todo parece verlo a través del espejo deformante de un humor mal entendido, que a veces suena a chascarrillo, pero en general, Bárbara Alpuente consigue llegar al final de la novela sin que el  lector/ra que ha llegado a sus páginas se sienta estafado. Estoy convencido que puede convertirse en un best seller entre las lectoras del metro, que me apresuró a aclararlo, son el mejor barómetro para medir el  éxito popular de un libro.




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