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Viajar al óleo

Armando Cerra

Los colores de Collioure

Collioure posee todos los reclamos de una escapada ideal. Por un lado, su patrimonio monumental plasma una dilatada historia, propia de un lugar que a lo largo de los siglos estuvo alternativamente a ambos lados de la frontera franco-española.

Además, Collioure ofrece tranquilas playas mediterráneas y el relieve accidentado del extremo oriental de los Pirineos, o sea, bellos paisajes y fantásticas condiciones ambientales. De hecho, el protagonista de este texto, Henri Matisse, escribió que no había en Francia un cielo tan azul como el de Collioure.

Esa luz y esos colores le cautivaron desde que llegó aquí en 1905, acompañado del también pintor André Derain. Matisse volvió durante los años siguientes a Collioure, donde decía que abría la ventana de su habitación para que entrara el Mediterráneo y le inundaran todos los colores.

De la experiencia vivida en este pueblo francés nació el Fauvismo, y como ejemplo sirve esta obra: Vista de Collioure de 1906, en la que los colores generan los espacios urbanos de la población, y aunque sea reconocible la iglesia, las casas del viejo pueblo y la apacible costa, no es una postal, sino de una obra de arte expuesta en el Museo del Hermitage de San Petersburgo.


"Vista de Collioure", de Henry Matisse

Quizás fuera el vitalismo y la sensualidad que transmite la pintura de Matisse, pero el caso es que son muchas las obras del francés que posee este museo ruso, ya que fueron coleccionistas de ese país, los primeros que compraron y encargaron cuadros al artista.

Mientras, él continuaba viajando a Collioure con Derain y con otros que después les siguieron como Raoul Dufy, Albert Marquet o Marc Chagall. Así, pintaron una y otra vez la población, sus luces, sus colores, sus detalles, sus calles o monumentos como el que muestra la foto: la iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles que en otro tiempo sirvió como faro para adentrarse en el puerto.


"Encuadre de Collioure", de Mónica Grimal

Al ver la lista de artistas que llegaron a Collioure, todos dignos de engrosar el agitado relato del arte de inicios del siglo XX, no extraña que hoy haya una verdadera peregrinación artística a este rincón mediterráneo, donde abundan las galerías y salas abiertas a pintores y fotógrafos de principios del siglo XXI.

Pero hay otra peregrinación, ahora de carácter republicano y literario, ya que en Collioure reposa la memoria y el cuerpo exiliado de Antonio Machado, lo cual ya de por sí merece una visita.

Lo dicho, Collioure posee todos los ingredientes para convertirse en una escapada ideal.

Visita la web del autor: www.maletadevuelta.blogspot.com




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