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El pizarrín

Javier Goñi

Pavusas en El Espolón


Déjenme que les diga que AT recibió una carta seis años antes de ser escrita, que le irritó, le sorprendió y tal vez le hizo reflexionar. A él,  y a los agrimensores de esa cosa titánica, que son sus diarios, esa novela en marcha, el barullo de huellas dejadas en el piso de ese salón de pasos perdidos, que comenzaron en 1990 con El gato encerrado:  ha salido nueva edición en formato actual, más bonito, aunque a mí me gusta descargarme de mi biblioteca esta edición inicial.

En 1990, tras varios rechazos editoriales –totalmente justificadísimos, dirían los del tendido del 7, que son muchos, y poco incondicionales, como somos los otros-, MB, uno de los tres de la exquisita editorial Pre-Textos, con casa madre en Valencia y sucursales en (casi) todos los sitios donde la literatura tiene rostro de excelencia, creyó en aquella primera entrega, en ese diario de 1987, que empezó a llevar con vistas a airearlo AT. Lo dio a foguearse, primero en un suplemento literario minoritario en un periódico de Jerez, que tenían dos jovencísimos, un tal JB y al otro no le pongo iniciales, pero en Apenas sensitivo, decimoséptima entrega, que acaba de aparecer en estos días de primavera de 2011 y que corresponde a 2003, sale este magro poeta andaluz, compañero entonces de suplemento jerezano de JB y que con un pavor –justificado- a los trenes y a cualquier medio de transporte individual o colectivo se vino por primera vez a Madrid, a descubrir Velázquez en vivo en el Prado en 2003 y me lo encuentro ahora en estas páginas (re)escritas, tantos años después, en estos días de gratísima lectura. Se me despintan las iniciales, que no aparecen, pero según AT es clavado a San Bruno, monje, creo. Con este dato de santoral, habrá algún (más) incondicional (que yo) que lo reconozca, seguro, por el parecido con San Bruno, digo. En estas cosas –ya ven-  nos enredamos los ociosos incondicionales de los diarios de AT. Que andamos, además, desde hace ya unas cuantas entregas, teniéndonos que justificar por lo que nos gusta, por lo que leemos, por lo que le jaleamos. Sus diarios, su novela en marcha. Los de AT. No tengo claro si el argumentario debe ser ad nauseam o ad baculum. Dejémoslo estar, y probemos suerte en el siguiente párrafo.


AT y M

Vayamos con la carta de Poe, de Poe o de JG, que AT no lo dice, aunque me he encontrado a JG, con nombre y apellido (el segundo tiene las mismas letras que el primero, el primero sin tilde, el segundo con ella, aunque las mismas letras aparecen barajadas de forma diferente: si es cierto como quería JRJ, y se lo he leído varias veces a AT, que un mismo libro se lee de forma distinta en diferentes ediciones, para mí tengo que igual ocurre con los naipes); aunque me he encontrado a JG desvelado en un post sobre Apenas sensitivo y con una cola de cometa de comentarios varios que en términos taurinos cabría calificar de división de opiniones. No es, no, el blog de JLGM, que también, por cierto, me llega su duodécima entrega diarística, ésta última va de septiembre 2008 a junio 2009, se ve que es profesor, y relata un curso –el curso de su vida astur-, mientras que AT, que es rentista ocioso, al parecer, comienza siempre en Nochevieja, normalmente en Las Viñas, en el campo.

De JLGM  me llega Para entregar en mano –no estaba en casa, me lo acercaron al trabajo-, que le ha editado, con mimo sevillano, La isla de Siltolá: En portada, un barullo de relojes con la hora inmóvil y dispar de mil y una ciudades, marcando cada una una dirección, un sueño, una ilusión, como aquellas radios grandes de madera que conectaban a esos niños franquistas a nombres exóticos de ciudades imposibles. Niños franquistas: de la época franquista, quiero decir: como los somos JLGM, que en su diario cumple 59 años, un 17 de junio, y se cree –lo escribe- el centro del mundo, o AT, que cumplió 50 años –M, M, M, ese olvido…- en 2003, un 10 de junio, fecha ésta exacta, aunque un año antes, que comparte con AT este JG que escribe este pizarrín, aunque no tenga nada que ver este JG –uno- con el JG –otro- del párrafo anterior.


Y si había relojes muchos en la portada del diario de JLGM, que es un detractor  (págs. 68 y 90, por ej.), aunque fue (algo más) incondicional de AT  (como detractor escribe JLGM en su blog en entrada, vitriólica, del sábado 30 de abril), hay uno, un bonito reloj, muy elegante, de sol, retratado en Italia, en la portada de Apenas sensitivo, de AT. Es curiosa esta casualidad. Los interiores son muy diferentes. Los estilos también. Y qué decir de las intenciones. Tal vez no podía suponer JLGM cuando en la página 68, “domingo 2 de noviembre” saca a Malcolm, nieto de Barral, a quien le hace lenguaraz  e imprudente –quién decía aquello de que uno es dueño de sus silencios y víctima de sus palabras: te apropiabas tú del viejo adagio, tú- y cómo se pavonea Malcolm, según JLGM, de que le consiguió el Nadal a AT, arrebatándole con escalpelo de editor unas doscientas páginas que sobraban; cómo iba a suponer JLGM que su diario –que es otra cosa, y JLGM lo sabe- iba a llegar en mano y a mis manos a la vez que este espléndido Apenas sensitivo, donde AT recibe, sí, en enero de 2003 el Nadal y lo oxigena por todos los cortesingleses del Estado Español, y a muchos de ellos le acompaña Malcolm, que en AT es –claro está- X. Si JLGM escribe Malcolm, le sale una maldad, si AT escribe X le salen unas risas, que las hay, en León, en Galicia, en Andalucía, allí donde X, como joven editor de Destino,  le acompaña.

Pero hemos dejado hace ya un rato al cartero, a la puerta de su casa extremeña, esperando a que le recojan la carta, posiblemente de JG, profesor, que meses antes en El País, le había elogiado sus diarios y le había animado a proseguir ese titánico esfuerzo: AT tiene titulados ya hasta el diario del año 2009, Cosario universal, que aparecerá dentro de ocho o nueve años: diosmío, diosmío, cómo tendremos el cutis y –algunos- la próstata. Y es que (alg)uno empezó a leer su primera entrega allá por 1990 y desde entonces no ha parado, ha leído, entrega tras entrega, los diecisiete tomos, uno tras otro, sin tregua, sin hacer trampa, y (alg)uno, lector fiel, entregado cautivo, incomprendido –tú nunca lo entendiste, tú, aunque ahora qué importa-, ha ido envejeciendo con ellos e incluso –algunos- aumentando de peso, como iban también  engordando esos tomos, desde hace unos cuantos años ya tenían un tamaño para algunos desmesurado, exagerado, inaguantable, intolerable, y otros, (alg)unos, nosotros, ilimitadamente incondicionales supimos valorar esos excesos, ese sobrepeso, como el otro, que acepta ver cómo se va ensanchando ese ser próximo con quien convive.


Quizás algo de freaks  tenemos sus seguidores, pues es cierto que uno –al menos- podría haber dedicado el tiempo empleado en leer –es un ejemplo aleatorio- La cosa en sí o El fanal hialino en acabar El Amadís de Gaula o Los Siete Libros de Diana de Jorge de Montemayor, que se me quedaron colgados desde los tiempos de la universidad, pero qué se le va a hacer.

Bueno, bueno, vayamos a la carta. El amigo de El País le escribe el 3 de diciembre de 2009 una carta de amigo que AT, personaje habitual en sus diarios, recibe los primeros días de enero de 2003, cuando inicia Apenas sensitivo el diario de ese año, que apunta en cuadernos que compró -un montón- hace años en el Rastro (nada de moleskines  tan à la page y no hay nada que encolerice al tan en ocasiones colérico personaje de sus diarios que algo esté à la page: una cólera que tiene algo de pose, aventuro) y que reescribió en los últimos meses para ahora, en primavera, darlo a la publicidad, ponerlo en la picota. Lo de JG tenía calidad de nudo gordiano. ¿Estaba en un callejón sin salida? ¿Hasta dónde tenía que llegar? ¿Una vida como la suya que es una falsa no-vida exige tropecientas mil páginas, para recoger año tras año las hojas caídas de Las Viñas? ¿Tocaba parar? ¿Frustrar el proyecto? ¿Sus editores –y amigos- iban a descansar por fin? ¿Los árboles nórdicos todos ellos con ecologistas en acción anti-diarios de AT colgados de sus ramas iban a salvarse? ¿Darían un suspiro de alivio gentes de suplementos con mando en plaza como WM, BB, que tanto ha salido BB, en diarios anteriores, y no siempre bien, FRL, SV-S, y así? ¿Y sus muchos detractores? ¿Y esos críticos y escritores a los que uno respeta y que, año tras año, entrega tras entrega, te dicen lo mismo: siempre cuenta lo mismo, siempre es lo mismo? Bueno, sí, bueno, no.

Bueno, esta entrega, Apenas sensitivo, tiene 378 páginas y otra textura de papel; el papel ha cambiado, éste es papel FSC* provenientes de bosques bien gestionados y otras fuentes controladas (así que ecologistas en acción ya se me van bajando de uno en uno, y en orden, por favor, hagan el favor). A ver; he leído, la pasada semana, Apenas sensitivo, en dos o tres tardes/noches; el pasado mes de enero de 2011 leí Troppo vero, que se me había descolgado de 2009 por razones que ahora no vienen al caso;  me empleó buena parte del mes, las noches –contribuyó que ya no estuvieras tú, X, ya la cosa no daba para más, un pequeño empujón, a principios de marzo, una vana ilusión, y la rendición total: adiós X, nunca fuiste muy afín a AT-. A Troppo vero le di todo lo que me pidió, a Apenas sensitivo el tiempo exigido. De ambos recibí lo que esperaba.


Dejamos a un lado el AT recorriendo las rutas del Corteinglés de la Península con su Nadal bajo el brazo, donde reparte pullas, escepticismos y algunas risas; dejamos a un lado esa fatiga que le da –pues no sabe decir que no, o acepta que vive de eso, pues es un viajante de comercio con buen género en la maleta- ir a hacer bolos a ciudades en las que cree que no se le ha perdido nada, aunque con todas ellas encuentra motivos para pelear sean aquellas molinos de viento o rebaños, y me refiero, por ejemplo, a ciudades para él apalizables  como Valladolid –conserva algo más que el carné universitario-, León –ay, León- o Burgos, por ejemplo, donde participa con escaso gastaboli en su Feria del Libro, lo que le da ocasión para sentarse en una terraza, donde El Espolón y escribir una hermosa página, con ese fenómeno –hermosísimo y primaveral- de una nube de copos blancos que se desprenden suavemente de los chopos cercanos al río principal de la ciudad burgalesa, una suerte de pelusas o pavesas, que allí –le dicen: a AT, siempre le cuentan, le hacen los otros los diarios que él cobra- se llaman pavusas. Pavusas en El Espolón, qué bonito título; me lo apropio.

A veces, sí, da la impresión de que los (nos)otros le hacen los diarios: yo no, que llevo desde 1990 leyéndolos a ver si me ha sacado alguna vez, aunque sea de bulto, a ver cómo soy pasado de un cuaderno de tapas negras adquirido en el Rastro a un ordenador mackintosh, que es el que gasta (descacharrante la escena de ese sombrío piso a donde va a conseguir un certificado médico para el carné de conducir, también tramitan para permisos de armas: es tan divertida la escena que tendría que estar para ser verosímil totalmente inventada, aunque quién sabe; ese ancianísimo doctor pirrado por los ordenadores, aunque todavía en la fase de acarrear revistas para informarse), y nunca me he encontrado en esas páginas, como casi todos, y eso que a él le gusta alardear de que la gente que se topa con él siempre pone perfil favorable porque aspira a ser sacada en sus diarios. En la página 131, saluda, “Hola, amigo”, a uno que creyó que iba a salir en estas páginas. Y sale, así. “Hola, amigo”.


G y AT

Acaso por la extensión dedicada esta vez a su año, el 2003, donde le pasaron muchas, pocas, algunas, ninguna, cosas –ni más ni menos que en años anteriores-, en éste da la impresión de que salen menos personas. Las iniciales familiares, claro, a las que parece cuidar más aún, como si quisiera resarcirles, un tanto contrito, por haber tenido tanto que airear ese año el Nadal por las plazas de soberanía españolas: las firmas en Sant Jordi son ya un género, ríase usted si quiere, lector inteligente de La Codorniz, con el Sant Jordi de AT en 2003, pero hágame caso y busque a Rafael Reig, que está con lo suyo, su Premio Tusquets, en su blog del Hotel Kafka, que te cuenta su Sant Jordi con sandalias y todo: desternillantes ambos. Lo de JS, el poeta-cantor y el bulla-bulla mujeril es –en el papel de AT- verdaderamente divertido. Firma también en Madrid, y le da para sacar lo mejor de su pluma en ese encuentro con la Juani, aquí ya no hay iniciales, es un pedazo de pasado –hermosísimo- que se acerca a la casa de fieras del Retiro donde están los escritores a que los reconozcan o a que les salpique el pasado. En este diario sale menos el amigo, el pintor RG, pero sale, con todo su digno deterioro físico. Hay una novela corta de las cosas del campo, muy bella, en Antequera, con ese lujo de cualquier catálogo, pero se lo quedó Pre-Textos, que es –era, a la hora, ahora, de leer esas páginas- José Antonio Muñoz  Rojas, un señor. Hay otra novela  rural, muy hermosa –muy-, la muerte y el entierro de la perra Mora en Las Viñas, su refugio extremeño. Hay páginas muy delicadas de hospitales  -la cuñada, la misma M, G, un hijo-. Aquí sale el mejor AT, tal vez las gateras por las que deberían colarse nuevos lectores si hubiera necesidad de ampliar el cogollito. El AT que, impotente, se acerca al lecho de su cuñada. Es más fácil –y muchas veces se lo merece- encabronarse como lector si nos acierta de refilón uno de sus vergazos dirigidos a sus animales de compañía: Tapies, Alberti, Bergamín, Gimferrer, algún académico, y tantos otros.

Cuánto me gusta esa anécdota –apócrifa, sin duda- de un Bergamín, póstumo de sí mismo, esqueleto viviente, hombre al que le gustaba ver mujeres guapas y jóvenes, aunque la sensatez le diera como para tan solo hacer gasto de vista. Y en aquella ocasión la siguió y la siguió. Y ella se dejaba mirar –y seguir, y perseguir-, sabiendo cuáles eran –distintos de los de Cisneros, ese español eminente- sus poderes, hasta que se paró, se enjaretó y aguardó, segura, sonriente, a que el pobre Bergamín llegara sin resuello a su altura para preguntarle, con ingenio de poeta, pero que en aquella preciosidad era concesión de la naturaleza: “¿Me va usted a soñar?” Me gusta, sí.

Pero si tuviera que convencer a alguien para que se incorporara al pelotón de los incondicionales de estos diarios le llevaría al hospital donde han operado a su hijo G. El personaje que es AT ya le ha llamado gili*** al médico por ejercer de médico borde, pero luego se queda con su hijo, en la habitación, a pasar la noche con él, y empieza a amanecer y a oírse los ruidos habituales de un hospital. Y ese AT, colérico, mordaz, injusto, que tantos detractores recoge a pulso, diario a diario, encuentra su mejor pluma, y se pone a oír: “Los ruidos de la vida. En los hospitales, así lo comprendimos, no hay amaneceres, sino resurrecciones, y era maravilloso sumarse con los nuestros a los rumores de la vida”.

Por estas gateras es por las que hay que entrar –si así lo desean- en los diarios de AT.

BESTIARIO
AT: Andrés Trapiello.
JB: Juan Bonilla.
JG: Jordi Gracia (presuntamente)
JRJ: Juan Ramón Jiménez.
JLGM: José Luis García Martín.
M: la mujer de AT.
X: Malcolm Otero Barral.
Tú: X.
WM: Winston Manrique.
BB: Blanca Berasátegui.
FRL: Fernando Rodríguez Lafuente.
SV-S: Sergio Vila-Sanjuán.
JS: Joaquín Sabina.
RG: Ramón Gaya.
G: El hijo de AT.




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