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Errata

Evaristo Aguirre

De un tirón

Había que tomar un avión –un trayecto corto: una hora u hora y poco– y vi un librito pequeño de Flannery O’Connor: La buena gente del campo (Nórdica). Es un relato de esta escritora estadounidense (Savannah, 1925-Milledgeville, 1964) que vio la luz en 1955 y que aquí se ha publicado solo, sin formar parte de una antología de sus cuentos. Me gusta encontrarme con relatos que conformen ellos solos un libro. Me gustan mucho, también, los cuentos completos o los libros, claro, pero que un buen relato tenga esta entidad tiene un atractivo especial.

Estos libritos son tentadores. En alguna librería de las que frecuento los tienen colocados junto a la caja registradora y los ves mientras esperas para pagar la cosecha que has hecho por las estanterías y resulta difícil resistirse a llevarse uno o dos; la cuenta sube, pero te vas tan contento.

La buena gente del campo no llegó a ser lectura de avión, lo que era su destino, pues cayó antes, de un tirón. En uno de esos pueblos americanos que parece mentira que hayan existido (o que existan) por lo alejados del mundo que se ven, leídos ahora y desde aquí, una madre vive con su hija, que quiere ser un poco rebelde, y se cruza en sus vidas un vendedor de biblias. No tienen nada en común madre e hija, quizá solo la creencia de que existe eso que ellas llaman “la buena gente del campo”. Aunque siempre hay excepciones.


Lo malo de los relatos es que no puedes contar mucho; lo bueno es que contar mucho de cualquier historia que se tiene delante por leer es innecesario. Basta con decir que el de O’Connor es un gran relato.


A muchos kilómetros de distancia y con unos cuantos años de separación, en la india colonial, por ser precisos, transcurre la historia de otro relato publicado en solitario, El motín de Moti Guj, de Rudyard Kipling, aparecido en 1891. Rey Lear lo ha publicado con la traducción de Daniel Gascón y con ilustraciones de José María Gallego (sí, el de Gallego&Rey, los de los periódicos). Moti Guj es un elefante. Con eso ya les estoy diciendo mucho. Y la historia es una bonita fábula que se lee un poco más rápido que de un tirón.

eaguirre@divertinajes.com




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